“entender el pasado no significa justificarlo”

El escritor Javier Cercas (Cáceres, 1962) partici- pó en el Hay Festival en Reino Unido en un en- cuentro con Daniel Hahn el pasado 1 de junio y además mantuvo una charla con el periodista y director literario de la Fundación Booker Prize, Gaby Wood, en la aclamada librería London Re- view Bookshop.

 

Rita Álvarez Tudela

Periodista Londres

 


Por parte de la revista Ábaco agradecemos al Instituto Cervantes la amabilidad de poder realizar esta entre- vista a Javier Cercas, presente en el Reino Unido a ins- tancia e iniciativa de una de sus actividades cultura- les de proyección de la cultura española en este país.

 

En su último libro, ‘El monarca de las sombras’, Cercas hace un viaje valiente hacia su propia historia familiar y la de un país que se derrumbó a causa de una guerra fratricida. Cercas vuelve a visitar Ibahernando, el pueblo de sus padres en Extremadura, para investigar la vida de Manuel Mena, que no le deja indiferente.

 

¿Qué tal fue tu participación en el festival de Hay?

Muy bien, pero es que yo ya soy un veterano del Hay Festival. La primera vez que fui, me acuerdo que era como un bicho raro porque no había escritores espa- ñoles, y bueno, sigue habiendo muy pocos, la verdad.

Siempre ha sido fantástico para mi, pero este año fue extraordinario porque era justo a la hora en que jugaba la final de la Champions el Liverpool y el Tottenham. Dije, no va a haber nadie, pero estaba lleno.

Es un festival fantástico, en medio del campo, que se llena literalmente de miles de personas que vienen de toda Inglaterra.

Lo que ocurre es que en este país, aquí la literatura extranjera es bastante exótica, y escritores españoles aquí se conocen poquísimos y nuestros nombres más grandes no son conocidos. Yo he tenido mucha suerte porque aquí se han traducido todos mis libros, me han premiado, en fin, me tratan muy bien.

He tenido mucha suerte también con mi editor, Bill Swainson, con el que trabajo aquí desde el comienzo y ha hecho muy buen trabajo. Soy leído y apreciado aquí. Y eso es insólito, porque es muy difícil para los escritores extranjeros En Francia me van muy bien las cosas pero es mucho más fácil, o en Alemania.

Me siento un privilegiado cuando vengo aquí, tengo un público muy fiel y tengo unas reseñas tremendas. En el Sunday Times  tuve  una  que  es con la que todos los escritores soñamos, que se titulaba, “¿Por qué nadie escribe en inglés así?”, y empezaba con ‘El impostor’ es el mejor libro que he leído y este es  mejor. No era mi madre disfrazada, te lo aseguro, pero casi lo parecía.

¿Qué es lo que más te impresionó del Festival de Hay?

Aquí hay un público muy atento, extremadamente educado y muy interesado. En el acto en Hay había un silencio sepulcral, es un público realmente muy interesado y muy

lector. Luego durante la sesión de firmas, me vinieron con sus cuatro o cinco libros de tapa dura. Este es un país de lectores. En España nos falta mucho para llegar al nivel de lectura de los británicos. En España preguntamos, ¿te gusta leer?, y aquí preguntan, ¿qué te gusta leer?. Aquí siempre me he sentido muy bien tratado y un privilegio realmente. No puedo decir lo contrario. Aquí el tanto por ciento de traducciones es ridículo y bajísimo, y tener lectores aquí es un privilegio.

¿Qué supone para ti la traducción de esta última novela?

Para mí esta novela es un poco cerrar un ciclo. Tiene mucho que ver con ‘Soldados de Salamina’, por un lado es el final. Pero es también un libro mucho más difícil, no de lectura, sino porque es incómodo, porque aborda el pasado del héroe franquista de mi familia. La gente busca sus antepasados del lado bueno, pero no del lado malo. Para mí de algún modo es un ciclo que empezó con ‘Soldados de Salamina’ y aquí termina.

Lo próximo que voy a publicar, que no tardaré mucho, porque ya está prácticamente acabado, es un intento de reinventarme porque creo que aquí llegué a un límite, que había empezado  allí  y  corrí el riesgo el riesgo de repetir una fórmula, y cuando un escritor hace eso, está perdido, está acabado. En- tonces, lo próximo que voy a publi- car es un intento de reinventarme, con algo radicalmente distinto y a la vez radicalmente fiel a mi mismo.

Del proceso de búsqueda e investigación, con tu familia, con las entrevistas, ¿fue una tarea muy larga?

Sí, me ha llevado toda la vida

¿Por qué crees que en España todavía no se habla abiertamente de este tema?

Yo cuando era joven creía que España era distinto de los demás, pero no lo es. Todos los países tienen su herencia buena y su herencia mala, y con la buena, más o menos sabemos que hacer, pero con la mala, ¿qué hacemos? Ese es el problema. Y eso no es excepcional en España. Tenemos unas peculiaridades, pero todos los países y las personas tenemos un problema con esa herencia complicada de la guerra, de la dictadura, etc. Entonces, claro, las familias sobre el pasado más complicado, empezando por las españolas, no quieren hablar de esas cosas.

Es lógico y tienen el derecho de callarse, sobre todo la gente que ha vivido situaciones tan duras como la guerra, pero nosotros tenemos la obligación de saber.

¿Sabes por qué? Porque si conoces tu pasado y lo comprendes, puedes manejarlo, pero si no lo conoces y no lo comprendes, es ese pasado, esa herencia mala, la que te gobierna a ti, y acabamos repitiendo una y otra vez los mismos errores.

Y eso es lo que nos está pasando, no sólo de España, sino en Europa, estamos repitiendo muchos de los errores de los años 30. Este libro no habla de la Guerra Civil, este libro habla de la herencia, no habla del pasa- do, sino del presente. Yo no escribo novelas históricas, escribo sobre el presente ampliado que abarca también el pasado. Nuestra Guerra Civil es nuestro presente, en Reino Unido empieza el presente en 1940.

Sin ese pasado, el presente está mutilado. Sin ese pasado, del que hay memoria y hay testigos, el presente está mutilado. De eso hablo en mis libros, los concibo como una especie de batalla contra lo que yo llamo ‘La dictadura del presente’: esta creencia absurda de que el presente es sólo ahora y de que lo que pasó ayer ya es pasado y lo que pasó hace un mes es la prehistoria. Esto es una falsificación total de la realidad, que nos impide entender la realidad porque abarca también ese pasado.

Y repito e insisto, cuando era joven, pensaba que mi país tenía un problema, pero todos tienen un problema con su pasado. El Brexit no se explica sin el problema que ellos tienen para digerir su pasado colonial. No han entendido que se ha acabado y no han entendido las cosas que hicieron muy mal. Hay mucha gente en este país que tiene una visión romántica y edulcorada de ese pasado colonial. Nosotros tenemos características distintas pero no somos excepcionales.

¿Y cómo fue el proceso creativo con tu familia?

Indispensable. Este es el libro que  yo  quise  escribir desde que soy escritor y por eso es el libro más importante que he escrito. No sé si el mejor o el peor, espero que sea el mejor porque es el último, pero lo que he intentado hacer es lidiar con mi propia herencia, con la herencia mala, mi mala herencia personal y también la de mi país.

¿Qué papel juega tu madre?

Mi madre es la protagonista secreta de este libro. Es ella la que me lega la herencia, como ocurre siempre, nuestra herencia nos llega siempre de nuestra madre y de nuestro padre. Y nosotros somos nuestra herencia, estamos hechos de nuestra herencia. Por eso tenemos que conocerlo y entenderlo en toda su complejidad. Entenderlo no significa justificarlo, yo no intento justificar ni que mi familia fuera franquista, ni que el héroe de mi familia fuera un falangista que murió en combate. Lo que intento es entender, creo que es nuestra función. Y entenderlo es exactamente lo contrario de justificar, es darte los instrumentos para no volver a cometer los mismos errores, y eso es la literatura, siempre y cuando no se proponga ser útil, porque entonces se convierte en propaganda o pedagogía.

¿Qué supone para ti que el director David Trueba es- tuviese contigo durante algunas entrevistas?

Era una especie de cameo, es un personaje. No lo veo como un trabajo, en realidad los escritores no trabajamos nunca, era simplemente pasarlo bien. Yo no he trabajado en mi vida, solo cuando hice la mili.

Realmente se lo pedí y vino, es tal cual, no hay trampa ni cartón. Realmente, yo creo que no quería ir sólo. Enfrentarse al pasado de la familia es lo más difícil porque de ahí podía salir de todo.

Hay un momento en que un personaje, un primo mío que fue diputado y eurodiputado socialista, me dice: “¿pero tú estás seguro de que quieres indagar sobre esto?”.

Esto de que el pasado siempre es bonito es mentira, mi familia era franquista y en mi pueblo se cometieron crímenes. Yo no sabía que iba a encontrarme, me arriesgaba a cualquier cosa y a muchas sorpresas desagradables.

Por fortuna, la niebla se despejó y no era tan grave. Yo toda mi vida había estado pensando que ahí podía haber cosas tremendas, porque estamos hablando de uno de los peores momentos de la historia moderna de España, porque en la guerra pasan cosas terribles.

¿Qué hacer? ¿Lo aparto? ¿Me intento un pasado más bonito para ocultar lo que hay o lo afronto? Elegí esto y no me arrepiento.