Marta Thore

Decana de IE School of Architecture and Design

Fermín G. Blanco

Doctor arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid


Realizamos esta entrevista en medio de las posibilidades que nos permite la agenda de Martha. Y es ésta precisamente una de las grandes dudas, cómo organiza su agenda una persona con sus atribuciones. Acordamos hacer un par de encuentros, dirigidos a dar forma a este sugerente formato, y han querido las circunstancias que entre medias hayan tenido lugar dos momentos importantes para el contenido de la entrevista, el histórico 8M en favor de la igualdad de la mujer, que en España ha tenido una especial repercusión mediática, y la entrega del Premio Pritzker 2018 al arquitecto indio Balkrishna Doshi, premio del que la entrevistada es directora ejecutiva.
Como decana de IE School of Architecture and Design, trata de aplicar sus convicciones a la gestión  universitaria y dicen quienes la conocen desde hace mucho más tiempo que yo, que siempre ha sido feminista, que lo suyo no es una pose, ni un subirse al carro del momento.


Hola Martha, tenemos muchos temas que tratar, pero quería una primera aproximación a tu propia infancia. Cuéntanos cómo era la Martha niña de 9 años; qué ideas tenía y a qué problemas te has ido enfrentando por el camino.
ola Martha, tenemos muchos temas que tratar, pero quería una primera aproximación a tu propia infancia. Cuéntanos cómo era la Martha niña de 9 años,

Cuando era niña, mi familia ponía mucho énfasis en la educación, en hacer las cosas lo mejor que uno podía. Mis padres tenían dos hijas, y el trato era el mismo para las dos, no había espacio para la diferenciación en el trato chico-chica. Mis recuerdos de la escuela primaria y secundaria era que tenías que esforzarte siempre y hacerlo todo lo mejor posible. Mis padres en lugar de celebrar los éxitos, siempre preguntaban ¿lo has hecho lo mejor que has podido? Esa era la pregunta clave en mi infancia.

Yo creo que era una niña bastante independiente. Iba a la escuela pública de mi ciudad, era una líder entre los alumnos y alumnas, me gustaban mucho las matemáticas y las ciencias,… Yo diría que la discriminación, o no la sentía, o no era consciente de ella. Quizás la evidencia de una cierta diferencia de género es que buscaba la aprobación y confirmación externa de los profesores, los amigos, los padres… Sobre todo quería que mi padre apreciara mis logros y mis éxitos. Yo no sé si esto se podría interpretar como el comportamiento de una persona inmadura, o es el de una visión femenina, si buscamos clasificar comportamientos por género. Ahora con los años uno se da cuenta que lo que es importante no es lo que piensen los demás, sino la integridad de los propios valores, la propia satisfacción en lo que una hace…

En este sentido, me gustaría comentar una situación que me ocurrió cuando estaba en la universidad y quería trabajar en verano porque necesitaba pagar la matrícula. Intentaba conseguir un trabajo en una especie de resort, un sitio de verano, un club de vacaciones, porque así no tenías que pagar el alojamiento y la comida ya que esto se proporcionaba a los empleados. Mandé mi currículum y me contestaron que sí, que me daban el trabajo, pero tenía que teñirme de rubia, ¡esa era la condición! Por supuesto que no acepté el trabajo (risas). Fue un ejemplo que yo recuerdo de discriminación en el sentido de que querían que yo ajustará mi apariencia a un estereotipo que ellos tenían; la rubia que estaba al servicio de los clientes, la tonta, la guapa… pues no.

Yo  me di cuenta de que la situación entre mujeres  y hombres tenía aún un camino grande por recorrer, cuando terminé la universidad, cuando estaba digamos en la vida real y no todo era tan flagrante como en el ejemplo anterior, sino que todo es más sutil.

En los trabajos se espera que la mujer sea la más eficaz, la que presta atención a los detalles, la orga- nizada, la que mantiene todas las cosas en orden. Si hay que tomar apuntes en una reunión, aunque jerárquicamente seamos todos iguales, al final es la mujer la que acaba tomando apuntes. Paulatinamente te das cuenta que los pequeños estereotipos, las pequeñas injusticias se van acumulando, y al final lo que queda claro es una situación de desigualdad que existe entre hombres y mujeres. Tardamos aproximadamente diez años más que los hombres, en llegar a cumplir nuestras ambiciones profesionales. Cuando las mujeres entran en un estudio de arquitectura, si entran con un sueldo ligeramente inferior a sus homólogos, nunca llegan a alcanzar a los hombres salarialmente. Y esto ocurre en estudios de arquitectura, en empresas y en instituciones académicas.

En las instituciones académicas de larga tradición o en empresas grandes, frecuentemente hay culturas y estructuras asentadas, difíciles de cambiar. Muchas veces son hábitos o comportamientos injustos inconscientes, que tiene la gente. Lo difícil es que algunos hombres y mujeres no lleguen a entender esos mecanismos, y cambiarlos requiere un esfuerzo personal. Y luego están los temas estructurales, que pueden tocar aspectos tan formales como los comités donde las mujeres no están representadas, o las jerarquías establecidas para la toma de decisiones. Tal vez, la manera de definir y medir los éxitos son características que favorecen a los hombres. Es decir, muchas veces premiamos el concepto del héroe, del fuerte, del que demuestra ambición, del líder…. y se debe a que por razones históricas, las mujeres no demuestran estas cosas. Creo que hay otros valores que la sociedad debe premiar, como por ejemplo la colaboración.

La idea de que en el ejercicio de la profesión de arquitectura se debe tener una disponibilidad las 24 horas al día no favorece a las personas con familia o las que quieren tener una vida privada. Si hay un concurso, muchas veces lo normal es estar hasta la última noche haciendo los planos. Esta idea de disponibilidad sin límite, no favorece ni a los hombres ni las mujeres. Pero lo que es cierto es que un hombre que tiene una mujer o una madre o gente a su alrededor que le apoya en las tareas diarias, y en la organización de la casa, la comida, los hijos, etcétera, tiene más libertad para estar días larguísimos en el estudio. Tiene más flexibilidad y tiene más libertad para organizar su horario. Sin embargo, las mujeres tradicionalmente son las que se ocupan de atender la casa, los niños, a sus padres o a su hermana enferma, etcétera. En definitiva, no tienen esa libertad de estar en el estudio a todas horas. El problema, creo yo, es seguir promocionando una profesión que premia una dedicación exclusiva y no una vida privada, sea cual sea la opción, la de una familia, escribir poesía, ir al cine o simplemente no hacer nada. Es un problema de la profesión de arquitectura, no solo en España, sino en muchísimos sitios. No se valora la vida privada de las personas, no se les permite elegir ni a los hombres ni a las mujeres. Y eso es una pena.

 

La carrera de arquitectura atrae a las mujeres, no sufre del problema que tienen otros grados, donde hay carencia de matrículas femeninas.

Sin embargo, existe un grave problema a la hora de llegar a puestos de responsabilidad o dirección en las universidades. Hay procesos, por ejemplo, quién y cómo se toman las decisiones de ascensos, quién forma parte de los tribunales, que no garantizan el acceso a mujeres. Es los que a veces llamamos “Old Boys Club”. Si hay un tribunal que conoce a los candidatos y son los amigos con quien toman cervezas frente una mujer menos “amiga”, pues, claro… Eso favorece a los hombres. Hay dos universidades europeas fuera de España, que prefiero no nombrar, una privada y otra pública, ambas me han contactado y comentado que están buscando nuevos profesores. Cuando les he preguntado por el número de mujeres en sus escuelas, me han dado unos números pésimos. Su excusa para no tener más mujeres, es que no las conocen. Hoy en día, no es válido decir que no conoces a mujeres con talento… porque entonces, perdona, pero te tengo que decir que no debes estar en el tribunal, porque si no las conoces, estás tomando una decisión desde la ignorancia.

Y ahí entra el otro tema; la visibilidad. Las mujeres muchas veces están en la sombra. Históricamente tie- ne que ver con quién ha escrito los libros, quién es quién domina el mundo de las publicaciones. En este camino hacia la visibilidad hay ejemplos tan evidentes como Wikipedia donde no hay tantas mujeres como hombres, y no es simplemente que las mujeres no escriban, sino que tal vez escriben, pero lo que escriben luego desaparece.

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