María Fuentes Fernández

Estudiante del Grado de Turismo Univ. Carlos III de Madrid

Álvaro Ruiz García

Estudiante del Grado de Turismo Univ. Carlos III de Madrid


Si tus fotografías no son suficientemente buenas, no te has acercado lo suficiente

Robert Capa

Endre Ernö Friedmann, nacido en Budapest en 1913, por aquel entonces aún perteneciente al imperio Austrohúngaro. Su infancia fue triste- mente azotada por los horres de la Gran Guerra, que golpearía su patria un año después de su nacimiento. El activismo político en su juventud acaba convirtiéndose en compromiso al cerciorarse del enrarecimiento de las políticas culturales, sociales y económicas en su país de nacimiento.

Tras la derrota de la República Soviética Húngara  en el verano de 1919, el enfrentamiento entre conservadores, partidarios del regreso del heredero al trono, y los radicales de derecha y ejército, contrarios a la instauración de un régimen monárquico, obligó a la implantación de una regencia en marzo de 1920. El regente Horthy, sustentado por una alianza conserva- dora y ultraderechista, dejó constancia de su carácter conservador, nacionalista y fuertemente anticomunista. Endre se vio obligado a abandonar Hungría a    la edad de 17 años al ser arrestado por manifestarse contra el gobierno.

Se trasladó a Berlín en Alemania, donde su pasión por la escritura cedería a favor de la fotografía. En la capital alemana estudió periodismo y comenzó a trabajar en el laboratorio fotográfico de una agencia. Fue en este periodo donde comienza a aflorar su ideología de izquierdas, afín al Partido Comunista y ciertas corrientes anarquistas. El joven Endre, de ascendencia judía, se vio acorralado por el auge del nazismo en Alemania, iniciando así su particular lucha contra el fascismo como reportero.

Su decisión y su empatía le abrieron su primera puerta a nivel fotográfico. A la temprana edad de 19 años, se embarcó en un viaje a Copenhague para fotografiar al líder comunista León Trotsky, ya desterrado de la Unión Soviética, seguía por aquel entonces arreando fuertes críticas al gobierno estalinista desde el extranjero. Las fotografías de este mitin fueron las primeras que publicaría el fotoperiodista húngaro.

En el mitin político no estaba permitido el uso de cámaras, pero Endre logró entrar con la suya. Capa firmó con su nombre verdadero, Friedmann. Se trataría de uno de los pocos proyectos profesionales que ven- diera con su real identidad.

Su carrera en Berlín, que parecía empezar con buen pie, se vio frustrada cuando el gobierno nazi comenzó la persecución y el asesinato sistemático de judíos y ciudadanos de ideas contrarias al régimen. El fotógrafo tuvo que huir, marchándose a vivir a Francia. En 1933 fue el año en el que Endre se instaló en París, ciudad donde conoció a Gerda Taro, también judía, la cual se convertiría en su pareja y con la que compartía la afición y trabajo por la fotografía.

Tanto Gerda Taro como Robert Capa publicaban trabajos para agencias de prensa; sin embargo, no lograban reconocimiento, y durante unos años vivieron de manera inestable y sin importantes ingresos.

Fue en ese momento cuando Gerda tuvo la idea de que Endre se reinventara. En el año 1936, crearon un alter ego para él, con el que firmaría todos sus trabajos: Robert Capa. Este seudónimo no fue legalizado hasta pasados unos años, no obstante, cambió el rumbo de la vida de Friedmann por completo, y fue gracias a la creación de este personaje “americano” con una supuesta larga carrera a sus espaldas que comenzó su éxito profesional. Le empezaron a surgir contratos, por ejemplo, un reportaje sobre el Frente Nacional francés. En ese mismo año, logró cubrir la Liga de las Naciones en Ginebra, allí manifestó su talento fotografiando una escena que para los demás periodistas allí presentes había pasado desapercibida: un periodista español siendo detenido por error.

Derivada de las consecuencias de la primera guerra chino-japonesa, en 1937 estalló la segunda guerra chino-japonesa. En el año 1938, Capa realizó su primer viaje como fotógrafo de guerra a China para cubrir este conflicto. En esta contienda, Capa fue testigo de la resistencia que opuso la región china de Manchuria contra el deseo imperialista de la nación japonesa, alentado por el gobierno nazi. Este reporta- je fue con el cual consiguió la prestigiosa portada de la revista Life.

En este viaje Capa dejó constancia del carácter de sus fotos, dando la espalda a la batalla para centrarse en la retaguardia, las reacciones de los soldados y civiles ante los bombardeos japoneses. Esta característica seguirá presente durante toda su carrera. Capa calificó este conflicto como “la mayor estupidez del mundo”. El control de la autoridad sobre la prensa y la poca comunicación hicieron casi imposible su forma de trabajar, por lo que en 1938 decidió trasladarse como fotógrafo de guerra a España para cubrir la Guerra Civil, conflicto que marcó un antes y un después en su carrera, para las revistas Vu, Regards, Weekly Illustrated y Life.

En 1936, el golpe de estado fallido contra el gobierno democrático de la República por parte de un sector del ejército desencadenó la guerra más sangrienta que habrá vivido España. A la altura de 1938, la ayuda nazi-fascista de Alemania e Italia habían inclinado la balanza hacia el lado franquista. La República, exhausta, anhelaba una ayuda internacional por parte de Francia e Inglaterra que nunca llegó. Capa se integró en el bando republicano de la mano de su pareja Gerda Taro, ambos fieles a las convicciones ideológicas de este frente, trataron de mostrar al mundo el horror que el fascismo estaba perpetrando en la población española, de nuevo con vistas a la retaguardia. En este conflicto Capa y Taro fotografiaron momentos tan inolvidables como la despedida de las Brigadas Internacionales, la batalla del Ebro o la vida de los refugiados españoles ante el avance de las tropas fascistas.

La Guerra Civil Española se convirtió en el conflicto más fotografiado de la era dorada del fotoperiodismo. La tensión, el miedo, y la crueldad no podían ser descritos con palabras, por ello las fotos de Capa fueron una ventana al mundo de la realidad que tantos países ignoraban. Capa mencionó: “No me interesa hacer imágenes bonitas, ardo en deseos de contar una historia… Prefiero una imagen que sea imperfecta desde el punto de vista técnico a una mala imagen técnicamente perfecta”.

Foto destacada: Fuente Wikipedia

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