Colección Los ojos de la Memoria nº 21
Varios autores
Coordinador y editor: Miguel Ángel Álvarez Areces
Edita: CICEES, Gijón, 2019


El Año Europeo del patrimonio cultural 2018 ha hecho hincapié en el valor del patrimonio cultural para la sociedad, su contribución a la economía, su papel en la diplomacia cultural y la importancia de su salvaguarda para el disfrute de las generaciones futuras. La antedicha iniciativa política del Año Europeo puso
en boga un lema “Nuestro patrimonio: donde el pasado se encuentra con el futuro, y esta seña
de identidad de nuestras ciudades y territorios ha entrado con fuerza en la agenda de actividades y de las políticas de los países.
Las XX Jornadas Internacionales de Patrimonio Industrial que organizó INCUNA con el tema de “Resiliencia, innovación y sostenibilidad” obtuvieron el Sello Europeo del Patrimonio Cultural, un reconocimiento que la Unión Europea, a través del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, concede a iniciativas que contribuyen al logro de los objetivos planteados.
Un futuro para nuestro pasado, fue una proclama y antecedente del camino para incorporar lentamente, pero sin pausa, el campo del patrimonio industrial a las esferas políticas institucionales europeas. Se puso en marcha en la década de los ochenta del pasado siglo, y en ese sentido, es de reconocer el papel y mérito de José María Ballester, alto funcionario en aquel momento en el Consejo de Europa, que insistió y convenció a los adalides políticos europeos en materia cultural de que el patrimonio industrial también formaba parte del ADN
del territorio y las culturas del trabajo representaban un notable factor de cohesión dados los elementos comunes y la interrelación de la memoria del trabajo y del lugar en la historia de la industrialización europea y mundial.
En aquel momento se auspició un importante programa de congresos y seminarios temáticos, que se mantuvo durante varios años y que contribuyó de una forma muy notable a presentar en sociedad un nuevo bien cultural: el patrimonio industrial, y también, a la obra pública de ingeniería y arquitectura en su relación
formal y dialéctica con aquél. En algunas de sus reuniones celebradas en Ironbridge, Bochum ó Madrid, tuve la ocasión de participar, y, aparte de servirme de aporte inapreciable en lo personal y en lo profesional, puedo constatar después de treinta años, que sirvieron para poner en la agenda europea la necesidad de
conservar y gestionar estos testimonios de nuestra historia contemporánea, aunque quede todavía mucho por hacer.
Hasta ese momento el patrimonio industrial estaba en un plano subalterno o era ignorado, cuando no demolidos sin compasión los elementos o conjuntos industriales ya fuera de uso, tras reconversiones industriales dramáticas con la pérdida de millones de puestos de trabajo. Los sectores que fueron las piedras
angulares de la revolución industrial: el carbón, el acero, el textil o los astilleros navales sucumbieron ante los nuevos productos y procesos de la era de la globalización y el neoliberalismo.
Las Administraciones públicas y las empresas, privadas, y también particulares, que eran propietarios de los mismos, argumentaban la urgencia de entrar con el “bulldozer” para “liberar” activos ociosos en los predios desindustrializados, para acometer una reindustrialización no siempre bien planifcada en las ciudades y sujeta a vaivenes especulativos, o simplemente voluntaristas, que dejaron huellas profundas en los territorios, una desestructuración social con disminución de puestos de trabajo y aumento del paro en grandes sectores
de la población, y también afectó a la pérdida de testimonios patrimoniales excepcionales ya fueran edilicios o maquinaria y procesos e infraestructuras tecnológicas-.
El apoyo de la sociedad civil y de sus asociaciones en las ciudades y países fue determinante en la defensa y pervivencia de muchos bienes culturales e industriales. En esos años las actividades, llamamientos, investigaciones teóricas y prácticas del Comité Internacional para la Conservación del patrimonio Industrial (TICCIH) tuvo un papel importante de concienciación, para que tuviese efcacia la preservación y gestión del patrimonio industrial en Museos y otros programas sociales y culturales, y se adoptase un mayor protagonismo patrimonial en las políticas culturales y sociales de los países a escala internacional.
Este libro “Patrimonio industrial. Resiliencia, innovación y sostenibilidad” se presenta en cuatro apartados que corresponden al desarrollo en la presentación de ponencias en las XX Jornadas Internacionales de Patrimonio Industrial, que se dieron cita en Asturias, en el marco de Laboral Ciudad de la Cultura de Gijón en septiembre de 2018. Los trabajos fueron entregados por sus autores para esta publicación, que sirve de actas del citado evento.
La primera parte lleva por título: Resiliencia, gestión del patrimonio industrial y paisajes culturales. El segundo apartado expone los trabajos relativos a “Patrimonio y paisajes eléctricos. Luz, agua y carbón “. El tercer componente en la temática es el relativo a la gestión del patrimonio y sus retos en materia
de innovación, y el cuarto apartado trata sobre turismo industrial, memoria del trabajo y proyectos culturales.
Especial atención ocupa el estudio del patrimonio en riesgo, el patrimonio industrial que tiene como una de sus características su vulnerabilidad, plantea la resiliencia, la resignifcación de valores, la sostenibilidad en el paisaje y el territorio, la innovación y creatividad en su valorización en las industrias culturales para programas de actuación y desarrollo local como aspectos importantes en su nuevo uso o segunda vida, que conlleva experiencias de buenas prácticas.
El desarrollo conceptual y normativo, el papel de TICCIH e ICOMOS en las nominaciones y propuestas para la inclusión de sitios, elementos y paisajes a la Lista del patrimonio mundial de UNESCO ocupa un lugar destacado en las refexiones y trabajos de este libro, el estado de la cuestión de los registros del patrimonio
en el ámbito internacional o local, la evolución de los museos y centros de interpretación, las cuestiones se intervenciones patrimoniales relativas a la memoria y las culturas del trabajo, o los nuevos planteamientos del llamado turismo industrial que intenta abrirse paso en novedosos programas de rutas, receptivos y  aplicaciones ciudadanas y territoriales son algunos aspectos del balance de estos años que se dan cuenta en los interesantes trabajos que se publican en el libro.
Se da cuenta de la situación del patrimonio minero y eléctrico ante un año transcendental en la vida de la minería del carbón en Europa y el cierre de centrales termoeléctricas y minas realizado al fn de 2018, aparte de algunas experiencias de Alemania, Georgia, Italia, Polonia o España, tienen especial interés los numerosos casos y estudios desde la visión de América Latina que plantean el debate y la consideración de la conservación del patrimonio histórico de la industria y del patrimonio cultural en su más amplios término en nuestras
sociedades y, por supuesto, las originales iniciativas que se llevan a cabo para su puesta en valor.
INCUNA es una entidad que comenzó como asociación de arqueología industrial en 1999, hace ya más de veinte años quiso incorporarse a esta propuesta europea con un enfoque y planteamiento de evaluar y debatir acerca del estudio de las experiencias sobre la protección, conservación, valorización, y gestión
del patrimonio industrial en su sentido amplio y multidisciplinar. La respuesta a esta iniciativa y refexión tiene visibilidad en este Libro de la colección “Los ojos de la memoria” donde se recogen más de 80 trabajos y ponencias, lo que da cuenta de la importancia del evento, a la vez que ofrece un documento y bibliografía indispensable para investigaciones académicas o la información y formación en el ámbito del patrimonio industrial para todos los interesados, que cada vez son más en estos tiempos.
A la vez que las Jornadas Internacionales de Patrimonio Industrial se realizaron sesiones del VI Encuentro Iberoamericano de Gestión del Patrimonio, prestigiosa red impulsada por las Universidades de Alicante, UAM de Xochimilco en México y la Comisión Nacional de Patrimonio del Ministerio de Cultura de Uruguay y que contó con la participación en estas Jornadas de INCUNA con gestores de dicha iniciativa. La edición anterior de estos Encuentros Iberoamericanos se había realizado en la ciudad de Fray Bentos en noviembre de 2017
donde se lanzó la “Carta de Fray bentos sobre gestión del patrimonio cultural”. Las ponencias se publican de forma integrada en este volumen, aportando un plusvalor a las actas congresuales.
La resiliencia es un concepto que se ha sido desarrollado desde la psicología hacia otros campos de las prácticas sociales. En el contexto de una persona individual puede expresarse como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado de situación adversa, en ese plano más personal puede reflejarse en la capacidad humana de asumir con fexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, o en el ámbito de la ingeniería, donde es muy utilizado, puede plantearse como la capacidad de un material
elástico para absorber y almacenar energía de deformación, también puede defnirse como la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.
En estos años y desde el plano empresarial parece se han cansado de utilizar el término “responsabilidad social de la empresa (RSC), y ahora se denota una evolución de la RSC al término de “sostenibilidad”, parece usual también en estos ambientes utilizar el término resiliencia. Sostenibilidad y resiliencia son términos relacionados pero no representan lo mismo.
Resiliencia es el resultado de las acciones dentro de (la sociedad) (empresa) para mejorar su capacidad, para asumir o resistir los impactos del entorno, pero su prioridad no es el ambiente o entrono. Están ambos asuntos más centrados con la gestión de riesgos y la continuidad (sostenibilidad) de una unidad productiva.
La sostenibilidad es un concepto más amplio que incluye la responsabilidad ante la sociedad, más allá de garantizar la viabilidad financiera, social y ambiental a largo plazo. La sostenibilidad es impacto sobre el medio ambiente, la resiliencia es la preparación para la reacción sobre ese entorno ambiental.
En esta ocasión la propuesta era analizar y orientar la reflexión sobre el estado actual de patrimonio industrial, teniendo en cuenta esa capacidad de poder superar situaciones difíciles y riesgos, es de resaltar que estábamos
todavía bajo el impacto y preocupación de sismos y tragedias naturales que afectaron gravemente a los patrimonio culturales y naturales de México, Chile y otros países, y también ante un proceso acelerado de desaparición de bienes patrimoniales de indudable valor, con la incesante incorporación a las listas de patrimonio en peligro de conjuntos, sitios y paisajes culturales e industriales.
La posibilidad de valorizar el propio patrimonio industrial con mayor eficacia, enfatizando sus funciones y sus variadas temáticas, en aras de generar señas de identidad, una producción cultural, factores de cohesión e innovación social, son objetivos alcanzables que pueden plasmarse a través de reglas claras en su gestión y apropiación social, que brinden nuevos modelos de participación ciudadana, valorización y gestión del mismo, que sean flexibles y simplificados, y que planteen la promoción de alianzas públicas/ privadas destinadas a dar
mayor efectividad e ímpetu a los proyectos de gestión y valorización cultural del patrimonio.
Este libro, se convierte en una herramienta útil para consultar, conocer o debatir acerca de intervenciones que son novedosas y demuestran que son posibles formas de actuar y hacer política cultural y socioeconómica, y así dotar al patrimonio de la industrialización, de un futuro para nuestro pasado

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