Gregorio Martín
Catedrático emérito de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial Universidad de Valencia

Cándido Méndez
Ex-Secretario General del sindicato Unión General de Trabajadores (U.G.T)

Planificar en época de incertidumbre

El primer borrador de esta reflexión empezó a escribirse pocos días antes que la crisis del COVID mostrara toda su virulencia, por lo que tuvimos que cambiar su enfoque ya que nos parecía pecar de falta de coherencia intelectual si o nos arriesgábamos a incluir las consecuencias de esta catástrofe en nuestro análisis sobre el devenir del empleo. Si se quiere ser respetuoso con la ciencia y mantener el rigor, hablar del post-COVID, no está exento de una cierta petulancia especialmente cuando todavía nadie es capaz de aproximar el momento en el que la pandemia se pueda dar como controlada o que lleguemos a la llamada “nueva normalidad”.

Los economistas afirman que pueden determinar la dinámica futura de la demanda y de la oferta, del desempleo y del crecimiento. Para hacerlo, recurren a modelos que a través de ecuaciones e identidades de comportamiento formalizan la evolución futura de variables clave con la pretensión de predecir cuánto durará la depresión y qué tan rápida y fuerte será la recuperación. La crisis de Covid-19 ha causado algo más que un alboroto en los medios, en términos de salud y luego en el campo económico donde mil y un comentaristas han acudido con oraciones, verdades y soluciones. Cuando parecía necesario dar un paso atrás y ser cauteloso, la ocupación del espacio mediático se volvió esencial. La crisis no tiene precedentes, los desafíos son complejos. Se merecen una reflexión profunda, merecen entender cómo se presenta a los actores en el terreno, cómo los individuos reaccionan a diario, cómo las empresas, pequeñas y grandes, se adaptan a la situación y cómo revisan su forma de trabajar. Son estas innumerables micro decisiones las que dan forma al futuro. El desempleo está aumentando, es dramático. ¿Pero cómo se movilizan las empresas? ¿Cómo surgen los desafíos del clima o la desigualdad en su escala? ¿Qué pasa con las especificidades de los sectores más afectados: transporte aéreo, restauración, turismo?

Es sobre estos principios y modelos que se expresa la voluntariosa Comisión Europea y el Gobierno de España, que afirman que con las inversiones y las ayudas previstas, en 2023 podemos haber incluso superado los niveles previos a la pandemia. Sin embargo hay profesionales que piensan que tales modelos son inútiles en las condiciones actuales ya que, por definición, toman a la economía como un sistema autónomo que está expuesto a choques económicos, ya sea en forma de política monetaria, más o menos relajada, impuestos más altos o más bajos, salario mínimo más alto o más bajo, etc., pero ignoran que la naturaleza está sometida a perturbaciones discretas extraeconómicas produciendo choques no predecibles y esto está ocurriendo ahora, cuando ni siquiera conocemos el final de esta primera onda.

Nos vamos a quedar con una cierta dosis de confianza, sobre cinco predicciones que orientan esta reflexión:

  1. La solidaridad europea con una España económicamente destrozada, basada en dos motores hasta ahora olvidados, para esta nueva etapa: Digitalización y Cumplimiento del Pacto Verde Europeo (PVE) Referencia.
  2. Agravamiento del conflicto entre Estados Unidos y China, con China “mejorada” en el papel de estado “retador”.
  3. Tendencia hacia un mayor papel del estado.
  4. Retroceso de la globalización, en términos de la capacidad de las personas para viajar internacionalmente y el capital para cruzar las fronteras (impulsado en parte por las incertidumbres políticas).
  5. Aumento de la inestabilidad política tanto interna como global.

Pertrechados de todas las herramientas que las TIC (Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones) ponen a nuestra disposición hemos de enfrentar el diagnóstico de la OIT de 2018: “No hay empleos en un planeta muerto “a la que añadimos una más coyuntural de cosecha propia “Después de las fases del confinamiento y de la espantosa crisis económica que han dejado, tendremos que entrar en resistencia climática y ecológica”. Con éxito variable, hemos manejado el acrónimo D3 (Digitalización, Descarbonización y trabajo con Derechos) exponiendo la necesidad de avanzar, al menos en Europa, en la confluencia de los análisis tecnológicos y políticos de los procesos propios de la sociedad digital y de la lucha contra el cambio climático para que el trabajo con derechos no sea abandonado como gran objetivo colectivo. En este contexto explotó la crisis del coronavirus, con todas sus incertidumbres pero con la única certeza que “el día después” de la urgencia sanitaria, no será un regreso “al día de antes”. Sin embargo podemos hacer cuatro afirmaciones:

  1. La Digitalización es básica para el futuro de las sociedades;
  2. Estamos viviendo un ensayo general de lo que puede ser el proceso de descarbonización;
  3. El trabajo con derechos es una condición básica, para mantener la solidaridad que el nuevo orden nos impondrá, en una sociedad que ya no obedecerá estrictamente a los principios del mercado.
  4. La pandemia de coronavirus es como el cambio climático, pero a mucha más velocidad. En ambas crisis el problema real no son las cifras absolutas (la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero o de infecciones) sino el ritmo de cambio. COVID-19 y cambio climático coinciden en las externalidades que provocan, con la diferencia que en un caso el responsable es un agente externo, mientras que en el otro son los humanos y por ende susceptible de la toma de decisiones políticas.

¿Hasta cuándo?, hasta disponer de una vacuna. Los expertos indican que, en horizonte optimista, dispondremos de ella en un periodo de tiempo de entre 12 y 18 meses, es decir en el mejor de los casos finales 2021. En una visión más sombría se habla de varios años, o incluso, como en el caso del sida, que se identificó hace 40 años, no se consiga por años. El tratamiento actual se basa en el confinamiento y la distancia social. Ya hay países que prevén que el confinamiento será intermitente, y que por lo tanto la distancia social habrá que mantenerla. Las empresas analizarán, unas y otras el impacto de la transformación sobre la naturaleza de sus empleos, y acometerán los cambios oportunos. Por lo tanto, el confinamiento y la distancia social pueden provocar una mutación brutal y un descenso muy acusado de los empleos disponibles, que se sumaría al provocado por la transformación digital. ¿Quién se preocupará de los empleos y sus derechos? Parece muy importante activar económicamente todas las fuentes de trabajo, las reconocidas como empleos y las que no. Es evidente que el papel de la UE y de los Gobiernos es fundamental, y además conectado con la lucha contra el cambio climático.

La Pandemia va a provocar una caída brutal de la producción mundial, y en particular España con sus grandes sectores de actividad:
Agropecuario e Industria Agroalimentaria, afectados, pero con posibilidades de defensas si se acometen las transformaciones derivadas del PVE.

Energía, internacionalizado, con el riesgo de que baje su facturación, en este caso por fortuna, si acaba el espectáculo de luz de las grandes superficies, por la bajada de la clientela física. En este sector la transformación se puede considerar ya en marcha, sobre todo en lo referente a carbón y otros combustibles fósiles.

Industria automovilística. La sustitución, en no mucho tiempo, de parte del parque de vehículos de combustión interna por el eléctrico -sobre todo en grandes ciudadeshará que desaparezca gran parte de la carga de trabajo de las plantas españolas, vinculadas a matrices europeas, lo que afectará a éstas y a las fábricas españolas de componentes.

En el Transporte, se está ya planteando, incluso, la desaparición de la denominada economía colaborativa es verdad que, a años vista, por la irrupción del coche autónomo.

El turismo, con sus interrelaciones con construcción, transporte e industria automovilística, va a sufrir un golpe mortal, del que no se recuperará, al menos con la lógica y el volumen de 2019. Hay que tener en cuenta que el turismo, a su vez, es una de las bazas, a través del turismo cultural y rural, de relanzamiento de la llamada España vaciada.

El reto que tenemos en la UE y en España, es de una doble naturaleza: Cómo superamos la Pandemia, que en el caso de España ha puesto al descubierto las fragilidades de nuestro gigantesco Sector de Servicios al consumo, sobre todo de las personas, que no se va a mantener hacia el futuro, y cómo la UE fragua un liderazgo mundial en la Transformación Verde, y España erige su modelo económico sobre bases distintas, y, a su vez, que haya empleos disponibles, y eso exige activar todas las fuentes de trabajo como fuente de renta y productos a precios asequibles para que no se resquebraje, aun mas, la cohesión social en el interior de nuestras sociedades.

El PVE se convierte en la gran ventana de oportunidad para acometer estos cambios, en su dimensión de inversiones de la UE. En este sentido, un dato muy alentador es el de la creciente atracción por las inversiones verdes de grupos como BlackRock, el fondo de inversión más grande del mundo. Partimos de que sin cumplir el PVE en toda su amplitud, acortando su ejecución en el tiempo, fracasaremos tanto la UE como los Estados Miembros.

Digitalización: de las TIC a la era digital

Usaremos la palabra Digitalización, con mayúsculas para diferenciarla de su utilización en ingeniería, para describir el proceso de transformar señales e imágenes analógicas a formato binario o digital. Dos procesos retroalimentados entre ellos conviven, el primero se refiere a los desarrollos propios de las ingenierías que llamaremos TIC, el segundo, que suele designarse como era digital, engloba los efectos que las aplicaciones de estas ingenierías han producido, y producen, en las metodologías, hábitos y formas de producción de la civilización actual. Las TIC se engloban en cinco ingenierías: robótica, microelectrónica, informática, arquitectura de ordenadores y telecomunicaciones, caracterizadas por estudiar las posibilidades del formato numérico que permite afrontar gran cantidad de actividades complejas: procesar, filtrar, comprimir, almacenar, transmitir, recuperar, visualizar, localizar, controlar y accionar máquinas, aproximar comportamientos inteligentes, etc. Una introducción a esta primera parte escrita por uno de los autores puede encontrarse en (¿Qué es la digitalización?: ARI 64/2019 – 5/6/2019. Real Instituto Elcano). La Edad Digital y su desarrollo afecta a aspectos importantes de la vida de todos: tipos de trabajos; relaciones interpersonales; desarrollo del conocimiento; hábitos y costumbres individuales; la economía de los datos, etc., puede caracterizarse recurriendo a seis los movimientos sinérgicos que soportan este proceso:

Universalidad. Casi todo aquello susceptible de ser digitalizado ya lo está y lo que se genera ya se hace con este prerrequisito, con lo que la gran mayoría de actividades humanas vienen mediadas por sus ventajas, lo que ha facilitado, al menos hasta ahora, un mundo interconectado y globalizado.

Memoria abundante, rápida y barata que se expresa por la Ley de Moore de 1978, con sus múltiples ejemplos: Si el crecimiento exponencial propio del procesamiento digital se hubiera dado en el transporte, el vuelo Nueva York- París que en 1978 costaba 850 dólares y tardaba 6 horas, en 2014 costaría un centavo y se efectuaría en 1 segundo.

Movilidad y ubicuidad. Los dispositivos y las redes inalámbricas disponibles permiten utilizar los recursos digitales en cualquier lugar y en todo momento, con el consiguiente impacto en la forma de trabajar de empresas e individuos. En los bolsillos de millones de personas hay más potencia de cálculo y de memoria que lo que hace 20 años los profesionales llamaban supercomputadores.

Capacidad de recombinación con el resto de conocimientos. El apoyo de las tecnologías digitales al resto de ramas de la ciencia es decisivo y afecta al desempeño de muchas profesiones. Piezas muy importantes como el genoma humano, o la variedad de sofisticados modelos de predicción con resultados en tiempo muy cortos serían impensables. Esta recombinación supera muchas capacidades humanas, no sólo las relacionadas con la Robótica y la Inteligencia artificial, sino también la propia de los dedos, de los brazos, de la comunicación interpersonal y de la creación artística.

Convergencia de infraestructuras físicas y digitales. Aparecen productos que se controlan a sí mismos, se adaptan al entorno y se ponen en contacto con otros objetos. Con ello se remodelan los límites de industrias y servicios que proporcionan capacidades hasta ahora desconocidas, como la Internet de las Cosas…

La economía de los datos. El volumen diario de información digital que se transmite hace que se acumulen datos como una fuente de ventaja competitiva o como forma de actuar de las administraciones. La economía digital presenta efectos indirectos y externalidades masivas, que siendo un viejo problema, por su escala y alcance de los efectos indirectos ahora son algo nuevo.

Empleo: ¿nuevos conceptos?

“La voluntad principal del mundo no es ya la paz o la libertad o incluso la democracia; no se trata de tener una familia, ni de Dios, ni de tener un hogar o un pedazo de tierra, la voluntad del mundo principalmente y ante de todo está en conseguir un buen empleo. El resto de las cosas vendrá a continuación…” son palabras escritas hace diez años por Jim Clifton exdirector de Gallup, después de analizar miles de encuestas que no han perdido validez alguna.

Entendemos como empleo toda actividad, más o menos regular, que al ejercerla proporciona una recompensa o pago; asumimos la paradoja de que quien trabaja en la economía sumergida, incluso en la delincuencia, tiene un empleo al tiempo que actividades tan beneficiosas como las que tienen lugar en el seno de un hogar no se consideren tales. Puesto que un trabajador autónomo suele tener un ingreso regular, conviene desligar el concepto de empleo al de recibir una nómina. Las cosas empiezan a enturbiarse cuando hay que plantearse lo que significa un “empleo de calidad” o un “buen trabajo” una de las expresiones más repetidas por políticos, sindicalistas y empresarios sin que ninguno de ellos se preocupe demasiado por concretarlo y lo que es peor asegurarlo como un derecho alcanzable. Es importante reseñar que no existe principio alguno que garantice en una economía no colectivista la posibilidad que toda persona va a obtener un empleo en cualquier circunstancia histórica, cultural y tecnológica.

El trabajo no puede ni debe reducirse a la particular forma histórica que ha tomado en las sociedades industriales a partir del siglo XIX, cuando al hablar de un puesto de trabajo se pensaba en un salario por una actividad a tiempo completo. Este concepto de empleo ha sido válido en un periodo muy corto en la larga historia del trabajo y no debe extrañar demasiado la situación que plantea la Digitalización. Por su parte el concepto de empleo nace con el proceso de industrialización, asociado a la producción propia de la fábrica, apareciendo por primera vez, alrededor de 1760, en la Encyclopédie de Diderot, escrita cuando empezaba a imponerse la máquina de vapor que inicia industrialización.

La dinámica del empleo ha sido consustancial con la evolución de la sociedad que ha racionalizado y organizado la mayor parte de empleos alrededor de unidades de tiempo y de lugar, siempre relacionados con el trabajo y sus herramientas, asociándole remuneraciones y derechos sociales específicos, una situación que empieza a diluirse con el teletrabajo y la aparición del freelance. Los empleos surgen bien como consecuencia de la aparición de nuevas necesidades sociales (por ejemplo, el moderno técnico medioambiental) bien por el desarrollo tecnológico que permite ofrecer prestaciones que anteriormente no eran posibles y que necesitan un profesional que antes no podía concebirse (por ejemplo, administrador de una página web).

El artículo completo está disponible en el número 103 de la Revista Ábaco.
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