FOTO: Presentación de Juana Bengoa, Vicepresidenta de Alianza por la Solidaridad- Action Aid, del libro «Mis memorias de vosotros» de Manuel de la Iglesia-Caruncho, realizada en la Casa de América en Madrid el 24 de noviembre de 2021.

Mis Memorias de vosotros
Manuel de la Iglesia-Caruncho
CICEES editorial, Gijón 2021
ISBN-978-84-123726-4-9
290 páginas – precio 18 euros

Uno de los mejores ensayistas y biógrafos del pasado siglo, Stefan Zweig, nos dio fiel testimonio de su tiempo convulso y nos regaló, entre otros, un precioso y sencillo libro de memorias: El mundo del ayer. La lectura del regalo que hoy nos brinda Manuel, me evoca a este autor: quizá sin tanta melancolía centroeuropea, porque el mundo es hoy más grande y abierto y —aún con sus retos inmensos y perplejidades— nos acoge en estas lecturas, salpimentada con la alegría de la vida, la de los amigos y amigas de aquí y de allá, desperdigadas y regadas por todas partes. También gracias a la indestructible esperanza y generosidad que respira nuestro autor, 

«Los libros solo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de la existencia: la fugacidad y el olvido», escribía Zweig.

Esta sería la primera y primaria sensación que he tenido al leer Mis memorias de vosotros; y es la que predomina también al tener el honor de compartir —hoy y en esta casa— mi lectura con ustedes. 

Y así es: la mirada de Manuel —«cercana y cálidamente», como se glosa en la contraportada de su libro— nos une frente a la fugacidad y el olvido, y en los recuerdos vividos y compartidos. 

La obra suena como la música que sus peripecias evocan. Me refiero a esa preciosa habanera de Carlos Cano —canciones de ida y vuelta— que también nos cita el autor desde su anteúltima vida en Cádiz, porque «desde que estuve en la Habana, no se me puede olvidar…». Yo no la he dejado de cantar con tu libro.

A mí, que me gusta tanto leer y devoro libros y libros, aunque luego se me olviden (siempre permanecen las sensaciones y las encrucijadas que han ido desentrañando las palabras mientras paseas y dialogas con el autor al leer), me ha divertido esa imagen que evoca Nuria Espert, de que «la lectura es para mí algo así como la barandilla en los balcones».

Porque de todas esas personas y personajes, familia incluida, que aparecen en tu libro Manuel me he sentido tan «vecina» como cuando, ansiosa de solidaridad y compañía, aplaudíamos en nuestros balcones durante la pandemia…

¿Cuántos y tantas, Manuel, aparecen en este prolijo índice onomástico en el que nos volvemos a encontrar y saludar, sin faltar alguna en las páginas de las citas —«no se me puede olvidar»— en las que nos nombras?

Me he sentido Asomada y curiosa, como Carmen Martín Gaite, cuand0 escribía.

Envidiosa de ti, por ejemplo, al no haber disfrutado —como tú— de las risas de Dulce María Loynaz, o por no haber podido saludar a Gabo, o charlar de política cotidiana y mundial con el Pepe Múgica en su chacra de Montevideo.

Festiva, al reconocer en este libro a tantas personas valiosas de la Cooperación y de la amistad viajera y local que tú recuperas y reivindicas en este libro y que han formado parte de tu trayectoria vital; de la nuestra —confieso que he vivido—; también, por suerte, de la mía. Gracias, Manuel. Gracias a la vida, como nos cantaba Violeta Parra.

Muchos de tus lectores en este libro Manuel, sentirán como yo, Rabiosa y peleona, contra esos siniestros personajes y procesos que describes o comentas en parte de tus Memorias, que han truncado a lo largo de nuestras particulares trayectorias, la historia de la lucha contra las dictaduras y de las revoluciones populares, y que hoy no quiero ni renombrar, pero que no debemos olvidar.

Cuando he leído tus páginas Manuel, me doy cuenta de que he de sentirme Afortunada. He tenido una barandilla privilegiada para asistir, participar, compartir, momentos históricos inolvidables que tú relatas tan bien en este libro. Por citar algunos ejemplos:

  • La difícil transición democrática vivida en nuestro país, en la que nuestros juveniles esfuerzos confluyeron para alimentar la sed de educación y de participación ciudadana en España;
  • Nuestras primeras andaduras y aprendizajes de la Cooperación en Centroamérica (SI nació al calor de los acuerdos de Paz en esa Región y, más adelante, en Palestina: hoy una de esas cooperantes sigue pendiente de excarcelación… nuestra Juani Sánchez merece nuestro apoyo);
  • Siempre embriagada por el entusiasmo, tesón, rigor y valores que vivimos en la etapa del dream team; con la campaña «Pobreza Cero», apoyando el nuevo enfoque y al equipo de la cooperación española, su reforma e impulso multilateral de la agenda de la ayuda, durante la legislatura de Zapatero y de Leire Pajín, como secretaria de Estado. 

En aquellos días recuerdo que disfruté contigo, con muchos más, en esta misma casa, La Casa de América, escuchando de cerca a otro de tus poetas y pensadores preferidos, Eduardo Galeano. Y aquí o muy cerca, en la sede de la SEGIB y en la Fundación Carolina conocimos a todas esas grandes mujeres, pensadoras, literatas, feministas, lideresas que nos regalaron y sedujeron con su saber y compromiso en la Agenda feminista española y multilateral. A muchas de ellas las citas, muchas de ellas están en esos libros que entonces se publicaron y que son una joya. Y tú también me has recordado en tus Memorias que plantamos juntos —cuando la Red de Mujeres Africanas y Españolas— un árbol de la mano de Wangari Mathai, premio Nobel de la Paz, en un jardín de un barrio de Nairobi.

Hoy en la agenda de las ONGD como la que represento —Alianza por la Solidaridad, adherida a la Federación de Action Aid Internacional— laten los problemas y retos que el mundo actual nos presenta: las migraciones, en las que las personas migrantes —como hemos visto en la crisis provocada por Marruecos en Ceuta, o en la última reciente de Bielorrusia— son tratadas como moneda de cambio en las batallas geoestratégicas, sesgando a la opinión pública. 

Hoy, la cooperación internacional se entiende cada vez más como una forma de contenerlas. Hoy, la agenda de la pobreza nos interpela también en el ámbito doméstico de nuestras democracias occidentales, en las que, por efectos de la pandemia, de la crisis financiera y fiscal, del entramado de las grandes corporaciones que se sitúan más allá del Estado y de las fronteras, se cronifican las desigualdades y la orfandad política. 

El espacio de la sociedad civil y de la financiación se estrecha y se mediatiza cada vez más. Por otro lado, la llamada «descolonización del sistema de la ayuda» (a la que no cabe simplificar como «nativismo») pide a las ONGD que asumamos un cambio de nuestras estructuras y prácticas, pluralicemos nuestros centros de poder, intercambiemos recursos, conocimiento, tecnología, procesos de toma de decisión. No quieren más “pornografía” de la pobreza, caridad o piedad para captar fondos de las ONGD hacia el Sur en el llamado Norte, sino que reequilibremos y compartamos recursos humanos, materiales, institucionales, vinculados a las causas comunes de la justicia global…

También Manuel, ya en el frontispicio de su obra, incorpora esa nueva visión descolonizadora y plural que plantean los nuevos retos de la globalización y del desarrollo. 

El saludo maya «In lak’ech» y su respuesta «Hala Ken», viene a decirnos —desde esa sabiduría civilizatoria— que «Tú eres otro tú y tú eres otro yo»… Y cuando el autor rescata el cuento de los indios de la tribu Chipewa Cree, acerca de lo imprescindible que es encontrar en la vida al menos a 48 personas dignas, —que suerte haberlas conocido y que hoy estén muchas con nosotros— subraye al mismo tiempo la importancia de que tengamos en cuenta muchos de los principios rectores de estos habitantes originarios, con la tierra y los seres vivientes, para modificar «ese sistema social occidental del que os habéis dotado, ese que cada día está más agotado y que con tanta urgencia necesita un cambio de rumbo». Así nos lo encomienda ese sujeto omnisciente del que se sirve Manuel para prologar y acompañarle en su personal y coral relato.

Es curioso hacer notar que, si retomamos la literatura desde esta perspectiva, podríamos incorporar en esta misma sesión, a esos nuevos novelistas africanos que el «saber» universal nos descubre finalmente. El Premio Nobel de Literatura 2021 se ha otorgado al novelista tanzano Abdulrazak Gurnah, «por su análisis inflexible y compasivo de los efectos del colonialismo y el destino de los refugiados en el abismo entre culturas y continentes».

Y nos reconcilia también enterarnos —por eso del engranaje común entre culturas y mundos— que, para el joven maliense de 31 años que escribe La más secreta memoria de los hombres, referente literario sea precisamente el chileno Roberto Bolaño: «un maestro de la escritura, un maestro de la lectura». Así nos lo cuenta Mohamed Mbougar Sarr, vencedor del Goncourt en Francia. 

Celebrar y significar el libro de Manuel es también redescubrir las reflexiones de nuestro sabio Emilio Lledó:

«La memoria inventa y descubre el espacio que va cobijando la contextura de nuestra ideología, de lo que pensamos del mundo y de los otros seres, la voz de ese lenguaje interior en el que hablamos con nosotros mismos y en el que continuamente nos reconocemos. Y esa memoria que reconoce, habla y da sentido a la monotonía de la naturaleza, está hecha del diálogo que llevamos con las informaciones que nos llegan del mundo exterior. 

Esta cita vendría a ser una exégesis perfecta de tu libro…

Aunque también Cristina Peri Rossi, otra gran uruguaya y flamante premio Cervantes (¡tendríamos que conocerla Manuel…!)—, nos dibuje —precisa— la mirada que atraviesa este libro: 

«Nunca he pretendido que una sola idea explicara la diversidad del mundo», escribe en su poema Humildad

Así es y debe ser el mundo de Manuel que hoy compartimos…