IMAGEN: Parte de la cubierta del libro El ser que cuenta. La disputa sobre la singularidad humana, de Víctor Gómez Pin

Extracto del artículo publicado en el nº 127 de la Revista Ábaco

Víctor Gómez Pin
Catedrático Emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona

En este artículo, que constituye el eje ontológico del número, Víctor Gómez Pin nos invita a sopesar la singularidad humana en un momento en que la materia inerte parece alcanzar facultades que creíamos exclusivas de la razón. El autor no parte de un rechazo dogmático, sino de una inquietud filosófica ante logros técnicos estupefacientes, como la capacidad de AlphaFold2 para prever el repliegue de proteínas. Sin embargo, Gómez Pin advierte que prever no es explicar, y que el éxito estadístico de un algoritmo no implica una intelección de las causas.

La tesis central se articula en torno a la necesidad de someter a la IA a un auténtico «test de Kant». Para el autor, la inteligencia humana no es una magnitud plana, sino una configuración tridimensional que incluye la dimensión cognoscitiva (ciencia y técnica), la ética (imperativos de conducta) y la estética (juicio sobre lo bello). Un algoritmo puede procesar píxeles y «reconocer» un ocho o un cinco, pero lo hace a través de un «reconocimiento sin concepto», una causación estadística desprovista de la intencionalidad que caracteriza al juicio racional.

A continuación, se recupera un fragmento esencial donde el autor define la triple prueba necesaria para cualquier ente que pretenda emular la inteligencia humana:

«Recapitulemos: Tomamos como punto de partida un artefacto provisto de esa capacidad de recibir información, procesarla, e incluso dar respuesta a un «interlocutor» maquinal o humano… Pero, además, aceptamos provisionalmente que esta «profundidad» es tal que, a la capacidad de hacer descripciones y previsiones, el artefacto añade la «tensión» de un proceso cuyo objetivo es explicar esos fenómenos. […] En segundo lugar, el artefacto debería mostrar un comportamiento sea altruista… sea radicalmente egoísta… dar muestra de deliberación en torno a imperativos que van más allá no sólo del propio interés, sino eventualmente también del interés empírico…».

El artículo concluye planteando un horizonte amplio y perturbador: si la IA puede simular la sintaxis del pensamiento, ¿qué ocurre con el soporte material de esa inteligencia?. Gómez Pin nos deja ante la pregunta abisal de si el «Verbo» requiere necesariamente de la «carne» para ser considerado juicio, o si estamos asistiendo a la génesis de una nueva forma de racionalidad puramente técnica que, al carecer de fragilidad y finitud, se sitúa fuera de lo propiamente humano.

El artículo completo está disponible en el número 127 de la Revista Ábaco.
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