➔ Extracto del artículo publicado en el nº 124 de la Revista Ábaco
Marta García Nart
Arquitecta Urbanista
Ex-Subdirectora General de Urbanismo
Ministerio de Fomento
PLANTEAMIENTO
La importancia y necesidad de zonas verdes en los entornos urbanos ha sido una constante desde el mismo momento de la aparición de las ciudades y así queda patente en la configuración de las mismas y en la historia de los distintos instrumentos de planificación urbanística y de la legislación respectiva. Sin embargo, lo que sí ha ido variando y enriqueciéndose es el propio concepto de zona verde hasta su actual conceptualización como Infraestructura Verde entendida como “una red estratégicamente planificada de las áreas naturales y parcialmente naturales de alta calidad diseñada y gestionada para ofrecer una amplia gama de servicios de los ecosistemas y proteger la diversidad tanto en zona rurales como urbanas” (URRIETA RICOTE, M. diciembre 2014).
La Estrategia Nacional de Infraestructura Verde y de la Conectividad y Restauración Ecológica, aprobada el 9 de julio de 2021, parte de esta concepción, y establece una seria de Líneas de Actuación entre las que cabe destacar:
- LINEA DE ACTUACIÓN 5.02 impulsar y asegurar la continuidad territorial a escala estatal, regional y local en el desarrollo de la estructura verde
- LINEA DE ACTUACIÓN 6.10 Integrar la Infraestructura Verde y sus objetivos generales en el planeamiento urbanístico municipal.
En este contexto en el presente artículo se propone una reflexión sobre lo que supone la incorporación de esta nueva conceptualización de la infraestructura Verde al análisis urbanístico y más concretamente al planeamiento urbanístico y territorial a partir, en primer lugar, de un breve recorrido histórico de la evolución de la definición de zona verde y del papel que estas han jugado en las ciudades y de los beneficios que este nuevo planteamiento aporta a la ciudad, a través también de algunos ejemplos de prácticas históricas que de alguna manera responden a este planteamiento aun antes de su formulación explicita.
Un aspecto importante de esta reflexiones referirá también a las relaciones de los Objetivos y líneas de actuación contenidas en la Estrategia Nacional de Infraestructura Verde y de la Conectividad y la Restauración Ecológica (en adelante IV)con los Objetivos y Líneas de Actuación de la Agenda Urbana Española 2019 y de cómo la interacción de estos objetivos y Líneas de Actuación puede contribuir en gran medida a potenciar el valor de los beneficios de los ecosistemas y su utilidad para la sociedad en general tanto desde el punto de vista ambiental como social.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL CONCEPTO DE ZONA VERDE EN EL URBANISMO
La primera dificultad que se plantea par este estudio es terminológica. Se trata de un concepto polisémico según como, donde y para quién se destine, que va cambiando además a lo largo de la historia y de los contextos socioculturales del momento.
Zona Verde es un gran parque urbano, es un pequeño jardín de barrio, pero ¿lo es una plaza con árboles, una Alameda, un frente marítimo?
Desde el punto de vista urbanístico y de la legislación correspondiente no existe una clara definición y tiende a definirse, más bien en función de su utilización y de la ausencia de edificación identificándose en muchos casos con las zonas libres de uso público.
En este sentido la Estrategia Nacional de IV supone un gran paso adelante, en primer lugar, al establecer como Meta 0 Identificar espacialmente la Red básica a diferentes escalas de la Infraestructura Verde en España y para ello planteando como Línea de Actuación 0.01Identificar los elementos que podrían formar aparte de la IV a distintas escalas (estatal, autonómica y local) y en segundo lugar, definiendo en su Anexo III la tipología de Elementos urbanos y periurbanos de elementos potenciales a considerar como posibles integrantes de la infraestructura verde en los que se incluye una amplísima gama de tipologías, desde el parques urbano hasta zona arboladas etc.
Ello unido al establecimiento como Líneas de Actuación 0-02 Selección y declaración formal de los elementos de la Infraestructura Verde, va a suponer sin duda un estímulo para una aproximación más rigurosa de la planificación urbanística (nivel local) a la calificación de zona verde, a la vez que más cuidadosa en su diseño y medidas de conservación e integración y conectividad.
Volviendo a la evolución histórica del concepto es de señalar que el concepto de jardín o parque ha ido evolucionando desde motivaciones de prestigio económicas, culturales o estrictamente funcionales a planteamientos filosóficos o más relacionados con el bienestar de los ciudadanos y de la calidad de vida en los entornos urbanos.
Así en las ciudades de la antigüedad, las zonas verdes no son más que los espacios privados. (jardines), al servicio y para el deleite de los poderosos (rey, nobleza, clero) donde se pretende crear las condiciones para hacer grata la estancia tanto ambientalmente, frescor y sombra, como estética y paisajísticamente a la vez que se demostraba el poder de sus poseedores. (Diseño y optimización funcional de las de zonas verdes urbanas-Dirección General de Acción Territorial y Urbanismo. MOPU, 1982).
En la Edad Media aparecen aspectos más utilitarios propios de una época de grandes dificultades económicas, aprovechándose los suelos más cercanos a las viviendas para los cultivos y la crianza de animales, pero sin plantearse todavía la necesidad de parques urbanos, dada la facilidad de acceder al campo abierto.
La llegada del Renacimiento conlleva, como en otros aspectos una mayor consideración de los aspectos estéticos y el jardín crece en importancia como marco para la arquitectura y en sí mismo, adquiriendo gran importancia los aspectos paisajísticos. Se crean terrazas a diferentes niveles buscando forzar las perspectivas, se introducen juegos de agua y esculturas como complemento de lo vegetal etc. Paralelamente se empieza a dotar a las ciudades de algunos elementos como paseos plazas etc. con importantes plantaciones de árboles: Todavía no aparece, sin embargo, el concepto de parque público, aunque muchos de los que se usan hoy en día tienen su origen en los privados que se crean en esta época.
En el Siglo XVIII el jardín vuelve a inspirarse en la naturaleza y empieza a perfilarse el concepto de parque en el sentido de recrear la naturaleza cómo se desarrollará posteriormente hasta la actualidad.
En el siglo XIX aparece y se desarrolla lo que podemos considerar con los criterios actuales zona verde o parque público partiendo de las siguientes preocupaciones u objetivos:
- Una preocupación y objetivo higienista, motivada por la insalubridad de las ciudades posteriores a la revolución industrial.
- Una preocupación moral y social al considerar que la observación de la naturaleza mejora el comportamiento humano y la calidad de vida.
- Un objetivo estético de mejora del paisaje urbano.
- Un creciente interés por los procesos y elementos naturales que motivo la creación de Jardines Botánicos, Zoos Etc.
Todas estas preocupaciones tienen su origen en los problemas y carencias aparecidas en las ciudades como consecuencia de la revolución industrial y el consiguiente crecimiento y densificación de las ciudades como resultado del éxodo de población del campo a la ciudad.
No es de extrañar que, en este contexto, los primeros parques urbanos surjan en el Reino Unido, considerándose como tal el Birkenhead Park en Liverpool creado por el arquitecto Joseph Paxton en 1847. En esta misma época Napoleón III mando abrir en París los Reales Sitios ya existentes del Boi De Boulogne y el Bois de Vincennes (Madrid Nuevo Norte2018).
Vemos por tanto como el concepto de zona verde como equipamiento urbano va evolucionando en función de las características de la sociedad y de las necesidades que esta pretenda satisfacer con ellas.
En este sentido en el siglo XX aparecen, desde el urbanismo, diversos enfoques que podríamos resumir como:
- El Espacio verde como elemento anticiudad: Acabamos de ver en la evolucion anteriormente descrita que los parques públicos empiezan a aparecer cuando en las ciudades aparecen problemas de salubridad y pérdida de calidad de vida frente al campo, concibiéndose como elementos equilibradores de los inconvenientes inherentes a la ciudad, pero no valiosos en sí mismos e identificándose en muchos casos, únicamente con los espacios vacíos de edificación.
- Los espacios verdes como espacios seguros: donde una parte de los ciudadanos más vulnerables como niños o ancianos pueden sentirse a salvo de los peligros de la ciudad para realizar actividades de ocio como juegos paseos etc.
- Los espacios verdes como elementos simbólicos: relacionados con su calidad paisajística y estética.
- Los espacios vedes como elementos higiénicos: en relación con la calidad del aire, del clima. Y de absorber el ruido
- El espacio verde como lugar de encuentro abierto al ocio y al intercambio entre los ciudadanos.
Se asume, además, que una de las carencias más significativas de la ciudad es la del contacto con la naturaleza y para hacer frente a este problema se desarrolla uno de los conceptos más tópicos que han inventado los urbanistas en palabras de J. Fariña Tojo (2001), la “ciudad jardín” y la “ciudad lineal”, como intentos de acercar la ciudad al campo y propiciar el contacto con la naturaleza. Esta orientación suficientemente conocida y analizada presenta una serie de contradicciones que ya estamos observando en nuestras ciudades y que son objeto del debate actual sobre desarrollos urbanos sostenibles.
En primer lugar la baja densidad con el consiguiente consumo de suelos y de recursos naturales, en segundo lugar la descentralización y dispersión con el aumento consiguiente de las necesidades de movilidad por tanto de infraestructuras, para ello con mayor aumento de consumo de suelo y de recursos energéticos y de contaminación y en tercer lugar, aunque no solo deriva de este fenómeno, la zonificación y separación de uso que provoca una ciudad fragmentada sin estructura y con pérdida de diversidad social en los entornos urbanos y de cohesión social a la vez que de diversidad paisajística.
Por otra parte, y en el lado positivo, Horacio Cleveland introduce en 1933 un nuevo concepto; la idea del Sistema de Parques en el que bulevares y avenidas conectarían los parques y áreas verdes de diferente tamaño para poder hacer más accesibles sus beneficios a toda la ciudad, a la vez que se preveían conexiones con el campo circundante.
Este concepto si bien no se ha recogido en la legislación urbanística, si se ha manejado en la planificación urbanística, pero más en el sentido de establecer una jerarquía de usos complementarios reflejados en el tamaño y concepción por su uso y localización de las zonas verdes que realmente de buscar su conectividad. Se establecen así categorías como zonas de juegos, áreas recreativas, parque urbano, parques metropolitanos etc. en función de su tamaño, uso predominante y localización, pero la mayoría de las veces sin conexión entre ellos.
En cualquier caso, la incorporación de la naturaleza en el trazado de la ciudad ha estado siempre presente y es inseparable de los resultados más exitosos en cuanto a la creación de un paisaje urbano de calidad. Piénsese, por ejemplo, en la importancia del río Sena en la configuración de París, o de frentes marítimos como el Malecón de la Habana, cuyo murete de separación con la playa es llamado por los habaneros” el banco más largo del Mundo para albergar a los enamorados” y que constituye el espacio de mayor valor simbólico e identificativo de la ciudad.
Ya en la segunda mitad del siglo XX y a partir de la toma de conciencia de los problemas ambientales y de su carácter transversal así como de sus consecuencias para el futuro de la humanidad, se produce una nueva corriente de pensamiento y la formulación de un nuevo paradigma que simplificando en su proceso de evolución, por no ser el objeto de este artículo, podríamos resumir en la formulación de los conceptos de sostenibilidad1 y desarrollo sostenible y la toma de conciencia de que el desarrollo futuro o es sostenible o no será, la aplicación de este concepto al desarrollo urbano implica un cambio de paradigma en la consideración de las relaciones de la ciudad con la naturaleza, tanto con su entono como en el interior de la misma, en las zonas verdes, superando su consideración como elementos pasivos para valorar la aportación de los servicios de los ecosistemas2 naturales de cara a la sostenibilidad urbana y calidad ambiental, tanto en términos ecológicos como sociales, culturales, paisajísticos e incluso económicos.
En este contexto se pone en cuestión los resultados de la planificación territorial tecnocrática anterior, basada en análisis abstractos, es decir sin tener en cuenta el contexto social ni económico y muchas veces ni siquiera las características naturales, geográficas y morfológicas del territorio concreto. Se busca, por el contrario, un tipo de planes más imbricados en la realidad específica, que tengan en cuenta la naturaleza, la historia y la cultura del territorio, tanto para preservarlas como para aprovechar sus valores y los servicios que pueden prestar para el desarrollo urbano futuro.
Surgen así planes Generales de Ordenación Urbana y Grandes Proyectos de intervención y mejora urbana cuyo eje fundamental es la restauración de la relación de la ciudad con el medio natural entendido además como una posibilidad de mejora en los dos sentidos.
Un ejemplo pionero de este tipo de planteamiento es el Plan General de Ordenación Urbana Municipal de Gijón, aprobado en 1985, siendo Alcalde el tristemente fallecido Vicente Álvarez Areces y redactado por el equipo de JR Menéndez de Luarca, R, Fernández Rañada, Gerhard Losch y Navarro Polanca, uno de cuyos ejes fundamentales fue “Abrir la ciudad al mar” pero que se inserta en un objetivo más amplio de Reordenación Urbana e Inserción Social y que fue incluida como Buena Práctica con la calificación de Best en el II Concurso de Buenas Practica para una ciudad sostenible convocado por la Agencia Hábitat de Naciones Unidas en 1992.
A lo largo del siglo XX la ciudad de Gijón había experimentado drásticos cambios en su actividad industrial básica siderúrgica y naval, que no habían estado acompañados de una adecuada planificación urbanística. Como consecuencia de dicha carencia habían ido apareciendo en las zonas más degradadas social y ambientalmente, barrios periféricos y diversos núcleos chabolistas sin infraestructuras ni equipamientos adecuados y por otra parte se había producido una degradación medioambiental progresiva de la costa debido a vertidos de aguas residuales y a la emisión de contaminantes atmosféricos sin ningún tipo de depuración ni control que impedían el disfrute público de las playas. (Segundo Catalogo español de Buenas prácticas. Ciudades para vivir. Hábitat II. Ministerio de Fomento 1991)
El proyecto tenía dos objetivos fundamentales imbricados entre sí en cuanto a su ejecución:
- Erradicar el chabolismo
- Recuperar la fachada marítima
Y se realiza a través de dos instrumentos
- El Plan General de erradicación del chabolismo.1984
- El Plan General de Ordenación Urbana
La actuaciones incluidas en el Plan General en relación con el tema que nos ocupa fueron:
- Regeneración de las Playas de Poniente y Arbeyal llevándose a cabo la reforma y ampliación del paseo litoral
- Ejecución de los Planes de Saneamiento Integral de aguas residuales
- Transformación del Muelle Local hasta entonces destinado a la actividad de desguace, en Puerto Deportivo,
- Recuperaciones Cauce del Rio Piles
- Creación del Parque del Cerro de Santa Catalina
Con esta actuación en término generales, se ha logrado la rehabilitación integral del frente marítimo, convirtiendo las ruinas industriales en nuevos espacios urbanos en el borde costero consiguiendo su interacción en la trama urbana y asentar las bases para la transformación de una economía industrial a una economía de servicios. En aspectos más concretos se han creado 6.000 m2 de Paseo Marítimo y 6000 m2 de senderos litorales y se han duplicado las zonas verdes de la ciudad pasando de 800.000 m2 en 1989 a 1.600.000 m2 en el año 1998 y se ha mejorado la contaminación atmosférica, logrando que la calidad del aire pueda considerarse admisible.
La conexión de la ciudad con su territorio a través del paseo marítimo de los senderos peatonales, así como la mejora paisajística y la incorporación de los valores del paisaje natural al paisaje urbano es otra de las grandes aportaciones de este proyecto no solo por su importancia estética o de calidad ambiental sino en cuanto a su capacidad simbólica y de construcción de una identidad como ciudad.
Los espacios recuperados y actuaciones descritas, creo que son un buen ejemplo a considerar dentro de la Estrategia de Infraestructura verde y de conectividad y restauración ecológica e ilustran sobre los beneficios de la inclusión de estos conceptos en la planificación urbanística.
Los resultados alcanzados con esta actuación satisfacen, por otra parte, tanto los objetivos de la Estrategia IV como de la Agenda Urbana por cuanto han supuesto la recuperación de zonas de indudable valor natural como el frente marítimo, el rio Piles y el Cerro de Santa Catalina y asegurar la conectividad entre sistemas y por otra parte también, propiciar un desarrollo urbano sostenible en su triple vertiente: ambiental con la mejora de las condiciones atmosféricas y supresión de vertidos contaminantes y sobre todo la mejora paisajística y de conexión con el territorio en el que se asienta la ciudad, y social y cultural en cuanto la mejora de la cohesión social y de la calidad de vida que comporta el aumento de las zonas de esparcimiento y ocio y la accesibilidad de todos los ciudadanos a su disfrute y utilización, así como al reforzamiento de la identidad ciudadana que la mejora paisajística junto con la integración con el territorio mencionada aportan a la convivencia, y sostenibilidad económica, al propiciar, como se ha mencionado, el cambio de una economía basada en la actividad industrial en crisis a una economía basada en el sector de los servicios de ocio y turísticos.
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