Heurística del tiempo desde el materialismo filosófico | ✎ Miguel Enrique Naredo Rojas

Reloj de arena

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➔ Resumen del artículo publicado en el nº 128-129 de la Revista Ábaco

Miguel Enrique Naredo Rojas
Graduado en Filosofía
Universidad de Oviedo

Pese a la extensión de la obra de Gustavo Bueno, son escasos los pasajes que dedicó al tiempo. Esos pocos fragmentos, sin embargo, son densos y abren un campo fértil para la interpretación. El graduado en Filosofía por la Universidad de Oviedo Miguel Enrique Naredo Rojas parte de ellos con un doble propósito: delinear una idea de tiempo coherente con el materialismo filosófico y, a partir de ella, una forma de entender cómo se articulan el pasado, el presente y el futuro en la vida de las personas.

El recorrido comienza con las ciencias, cada una de las cuales formula su propio concepto de tiempo: absoluto en la física newtoniana, ligado al espacio en la relatividad, irreversible en la biología, subjetivo en la psicología. Ninguna ofrece, sin embargo, una visión de conjunto. En Bueno, la idea de tiempo tiene raíz aristotélica: el tiempo es la medida del movimiento y necesita un sujeto que lo mida, y hablar de tiempo sin objetos que cambian, escribe el autor, sería como nadar sin agua. El problema es que Bueno lo situó solo en el segundo de sus tres géneros de materialidad, aunque sus propias afirmaciones lo vinculan también a los otros dos.

Para resolver esa incoherencia, Naredo recurre a David Alvargonzález, que interpreta el tiempo como transformación, una idea que atraviesa toda la materia porque nada en ella es eterno. Se trata de una idea crítica, definida sobre todo por lo que niega: la intemporalidad, la eternidad, la inmutabilidad. Siguiendo a Alvargonzález, el autor distingue además entre las ciencias que estudian una realidad independiente del ser humano y las que giran en torno a él, en las que el sujeto no puede desaparecer del conocimiento.

Sobre esa base, el artículo diferencia dos formas de tiempo. El tiempo físico es medida objetiva del cambio, y en él el sujeto que mide se disuelve una vez establecido el resultado. El tiempo vivencial, en cambio, es el de la espera, la alegría o el miedo, y es inseparable de quien lo vive: el tiempo de una guerra no se reduce a la distancia entre su inicio y su final, sino que se experimenta como dolor y desesperanza. Este segundo tiempo pertenece a las ciencias humanas, donde el sujeto permanece presente.

Esa distinción permite, según el autor, una «heurística del tiempo»: si comprendemos cómo un grupo social articula su tiempo, podemos entender sus formas de conciencia. Naredo la conecta con el diagnóstico del presentismo que domina las sociedades occidentales, según autores como Hartmut Rosa, Byung-Chul Han, Zygmunt Bauman, Richard Sennett o Clara Ramas. Su hipótesis final es que el tiempo, pese a su aparente marginalidad en la obra de Bueno, puede convertirse en un eje estructural de su sistema si se entiende como la transformación que atraviesa toda la materia.

El artículo completo está disponible en el número 128-129 de la Revista Ábaco.
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