Obituario. Cuando Habermas se sentó frente a Ratzinger | ✎ Eduardo Infante Perulero

Reseña del artículo publicado en el nº 127 de la Revista Ábaco

Eduardo Infante Perulero
Filósofo, escritor y profesor

Hay textos que solo pueden escribirse cuando ocurren dos cosas a la vez: una muerte y una memoria. El 14 de marzo de 2026 falleció Jürgen Habermas a los 96 años en Starnberg, Alemania. Eduardo Infante Perulero, filósofo y escritor, eligió para honrarlo no un repaso de su obra sino un único instante: la tarde del 19 de enero de 2004, cuando Habermas y el entonces cardenal Joseph Ratzinger se sentaron frente a frente en la Academia Católica de Baviera en Múnich para debatir sobre los fundamentos morales de la democracia.

El resultado es una pieza difícil de clasificar. Infante Perulero no escribe como un académico que rinde cuentas, sino como alguien que fue testigo de algo importante y quiere que el lector lo vea también. El texto arranca con una atmósfera definida —el frío gris del invierno bávaro, la sala llena de expectativa— y construye la escena con una economía de medios admirable: dos micrófonos, dos hombres, una pregunta. La descripción de los dos pensadores tiene la precisión del cronista que sabe que los cuerpos hablan antes que las ideas: Habermas ligeramente inclinado hacia adelante, con la postura de quien está dispuesto a escuchar incluso antes de que empiece el debate; Ratzinger tranquilo, calibrando las palabras antes de pronunciarlas. El anticipo de que «dentro de poco el mundo lo conocerá con otro nombre», ancla el texto en la historia sin necesidad de subrayados.

El tema elegido para el diálogo fue, en palabras de los organizadores, «las bases morales prepolíticas del Estado liberal»: de dónde vienen, en última instancia, los valores que hacen funcionar una democracia. Infante Perulero expone los dos argumentos con claridad y sin partidismos. Habermas, ateo confeso y defensor de la razón como fundamento de la vida en común, reconoce algo que muchos no esperaban de él: que la democracia necesita una cultura moral compartida que ni la ley ni el mercado pueden fabricar. Las tradiciones religiosas, dice, deben participar en el debate público, aunque con una condición: sus argumentos han de estar al alcance de cualquier ciudadano, creyente o no. Ratzinger acepta el diagnóstico pero añade su propio giro: si la religión puede enfermar de fanatismo, la razón también puede enfermar. El siglo XX, con sus utopías políticas convertidas en maquinaria de exterminio, sería la prueba. La conclusión del cardenal es que razón y fe se necesitan mutuamente como correctivos.

Lo que hace singular este texto no es solo lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. Infante Perulero no carga el artículo de citas ni de aparato filosófico. Confía en que la escena hable sola. La frase con la que cierra —que la democracia depende, en última instancia, de nuestra capacidad para seguir hablando— llega con la fuerza de lo que ha sido ganado página a página, no impuesto desde el principio.

Aquel debate quedó recogido en el libro Dialéctica de la secularización: Sobre la razón y la religión, publicado por Ediciones Encuentro. El artículo de Infante Perulero cumple una función diferente y complementaria: es la puerta de entrada, la invitación a detenerse en un momento del pensamiento contemporáneo que no ha perdido un gramo de actualidad.

Quienes encuentren esta reseña en las páginas de Ábaco tienen a su alcance algo más que un obituario. Tienen una conversación sobre qué sostiene moralmente a las sociedades libres, escrita en el momento justo en que uno de sus protagonistas acaba de morir. Vale la pena leerla entera.

El artículo completo está disponible en el número 127 de la Revista Ábaco.
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