➔ Reseña publicada en el nº 127 de la Revista Ábaco
Animales, ocio y ciudad. Espectáculos populares, peleas de gallos y otros animales en la historia de Gijón
Luis Miguel Piñera y Rafael Suárez-Muñiz
CICEES ediciones, Gijón 2026. 176 pág. 18 €
La historia del ocio rara vez se aborda desde sus zonas más incómodas. Este libro lo hace con rigor y sin concesiones. Parte de una premisa clara: tradicionalmente los humanos han maltratado —y en muchos casos siguen maltratando— a los animales como forma de diversión colectiva. La obra analiza precisamente esa dimensión en la historia de Gijón, ofreciendo una investigación sólida que conecta prácticas locales con marcos culturales más amplios.
Desde su prólogo e introducción, el volumen en línea con la antropología cultural, establece una clave interpretativa precisa: el ocio no es neutral, sino un espejo de valores sociales, jerarquías y mentalidades. En ese sentido, el recorrido propuesto —que avanza desde el contexto internacional hasta el análisis minucioso del caso gijonés— permite comprender la persistencia histórica de espectáculos basados en la violencia animal y su progresiva contestación social.
Uno de los aspectos más logrados del libro es su contextualización comparada. El capítulo dedicado al maltrato del gallo en el panorama internacional sitúa estas prácticas desde la Antigüedad clásica —Grecia y Roma— hasta su pervivencia en países como Reino Unido o Chile. Esta perspectiva evita el localismo y subraya la dimensión estructural del fenómeno: no se trata de una anomalía gijonesa, sino de una forma cultural ampliamente extendida.
El análisis del caso español y asturiano introduce matices relevantes, con ejemplos como los circos gallísticos de Llanes o el reñidero de Xivares. Sin embargo, es en el estudio detallado de Gijón donde el libro alcanza su mayor densidad analítica. La reconstrucción de prácticas como las pedreas, la matanza del gallo, el tiro de precisión o la rifa revela un entramado complejo de rituales festivos, sociabilidad popular y violencia simbólica.
Especialmente significativo resulta el tratamiento del antroxu gijonés, donde el maltrato a los gallos —lapidándolos o decapitándolos, a menudo con niños como protagonistas— funcionaba como un rito de paso. Este elemento introduce una dimensión antropológica de gran interés: la violencia no solo como espectáculo, sino como mecanismo de socialización y construcción de identidades masculinas.
La obra destaca también por su exhaustiva cartografía de espacios. Los autores identifican con precisión los lugares donde se desarrollaban estos espectáculos: desde circos gallísticos como el Pelayo o el de Las Carolinas, hasta espacios más informales como playas, fincas o bares. Esta geografía del ocio permite leer la ciudad como un escenario donde se inscriben prácticas culturales, económicas y sociales.
El bloque dedicado a las peleas de gallos y sus infraestructuras —circos, vallas, galleras— constituye uno de los núcleos más documentados del libro. La enumeración detallada de locales y promotores no es un mero inventario: reconstruye redes sociales y económicas vinculadas a estas actividades. Del mismo modo, el análisis del tiro al pichón, las carreras de perros o las corridas de toros amplía el foco hacia otras formas de ocio animalizado, mostrando su diversidad y arraigo.
En el caso de la tauromaquia, el estudio adquiere una dimensión histórica más amplia. Desde las primeras corridas documentadas en Cimadevilla en 1660 hasta la inauguración de la plaza de El Bibio en 1888, el libro traza una evolución que conecta con el desarrollo urbano de Gijón. La atención a espacios provisionales y permanentes permite entender cómo estas prácticas se institucionalizaron y consolidaron en el tiempo.
Uno de los aportes más relevantes del volumen es la incorporación de las corrientes críticas. La fundación en 1913 de la Sociedad Antiflamenquista Cultural y Protectora de Animales y Plantas de Gijón, junto con la acción de la Asociación Popular de Cultura e Higiene, evidencia que la oposición a estos espectáculos no es reciente. El higienismo, el anti-taurinismo y el antiflamenquismo configuran un campo de debate que atraviesa la modernidad.
Este enfoque introduce una lectura dinámica: frente a una visión estática del pasado, el libro muestra tensiones, resistencias y cambios de sensibilidad. La inclusión de artículos de prensa gijonesa y referencias a figuras como Eugenio Noel refuerza esta dimensión conflictiva, donde la cultura popular es objeto de disputa.
Desde una perspectiva crítica, podría señalarse que la acumulación de datos —especialmente en la enumeración de espacios y eventos— puede resultar densa para un lector no especializado. Sin embargo, esa misma exhaustividad constituye una de las principales fortalezas del trabajo, al ofrecer una base documental sólida para futuras investigaciones.
En conjunto, Animales, ocio y ciudad es una aportación relevante a la historia social del ocio y a los estudios sobre patrimonio cultural. No se limita a describir prácticas del pasado, sino que invita a reflexionar sobre la evolución de nuestras relaciones con los animales y sobre los cambios éticos que han transformado la cultura contemporánea.
Leído hoy, el libro interpela directamente al presente. La progresiva desaparición o regulación de estos espectáculos no puede entenderse sin este trasfondo histórico. En ese sentido, la obra no solo recupera una memoria incómoda, sino que contribuye a un debate necesario sobre los límites del ocio, la violencia y la cultura.
