➔ Reseña publicada en el nº 128-129 de la Revista Ábaco
Humberto Morales Moreno
Profesor / Investigador
Instituto de Ciencias de Gobierno y Desarrollo Estratégico (ICGDE)
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP)
Asociación Mexicana de Historia del Derecho (AMHDE)
El libro recientemente publicado por el presidente de INCUNA/España, Miguel Álvarez Areces, constituye un reto mayor en 300 páginas y en formato bilingüe Español/Inglés, de una síntesis tanto metodológica como teórica, de 60 casos de patrimonio universal UNESCO ligados a la memoria industrial en varias latitudes del planeta. El texto es producto de una exposición que convocó a más de 200 fotógrafos de 30 países que retrataron con su peculiar estilo fotográfico esta muestra que ahora nos presenta el autor con una calidad inobjetable. El criterio de selección sin duda parte de los lineamientos de la UNESCO sobre declaratorias de Patrimonio de la Humanidad en distintas modalidades que van desde bienes culturales, paisajes culturales y naturales (bienes mixtos) y paisajes inmateriales.
Esta obra nace de un esfuerzo de divulgación con fines pedagógicos acerca de bienes que en sentido estricto no están clasificados por la UNESCO como patrimonio industrial de la Humanidad, sino como paisajes culturales, bienes naturales con cultura inmaterial o monumentos con alto valor histórico por sí mismos. El autor ha hecho una selección de estas categorías para resaltar cuáles de todos los bienes registrados en la lista UNESCO corresponden al patrimonio industrial. En los 8 primeros capítulos de discusión teórica y metodológica el libro insiste en mirar la industria y sus huellas del pasado como parte de un paisaje cultural y ya no meramente monumentalista, aferrado a las viejas tesis de la Revolución Industrial, para incluir el valor que muchos de estos paisajes muestran desde la perspectiva del mundo del trabajo, de las tradiciones culturales, de las luchas sociales que le dan sentido a las innovaciones técnicas, a los estilos constructivos y arquitectónicos propios de épocas y tendencias, que permiten ampliar el horizonte de la revolución industrial a regiones y prácticas donde la agro industria, y la industria propiamente dicha, jugaron un papel original y distintivo fuera del canon tradicional de la ecuación: vapor, ferrocarril, manufactura textil, carbón, electricidad y petróleo que en las distintas latitudes tuvieron ritmos y transformaciones muy diferentes pero que forman parte de un lugar y de una identidad que perdura hasta el día de hoy.
Al revisar el itinerario de los sitios de tradición industrial reconocidos por UNESCO entre 1975-2025, el autor confirma este recorrido historiográfico que va de la arqueología industrial a la consideración del paisaje cultural en el que es posible interpretar el valor de los artefactos, de las técnicas, de construcciones icónicas que sin duda marcaron una literatura identitaria que se expandió desde la Gran Bretaña al resto del mundo. De esta forma Iron Bridge, Forth Bridge, identidades monumentalistas de la industrialización británica de finales del siglo XVIII se extendió a incluir paisajes fabriles donde el mundo del trabajo y la tecnología manufacturera permitió profundizar en estas nuevas miradas donde la fábrica deja de ser un simple monumento de arquitectura ecléctica, para descubrir un mundo de cultura y transmisión de saberes que tuvieron repercusiones mundiales. Así, el paisaje minero de Cornwall, New Lanark y Saltaire, identidades culturales de la industrialización británica, se presentan como ejemplos de una tensión permanente entre lo que en la jerga anglosajona se define como Heritage y en España y el mundo latino como Patrimonio. Y es aquí donde el autor polemiza con los criterios de la UNESCO y sus limitaciones a la hora de seleccionar ciertos paisajes entre miles de propuestas, pues los criterios de uniformidad, singularidad, originalidad, entran en contradicción muchas veces con la mirada identitaria de los trabajadores, de los gobiernos o de las empresas que promueven la inscripción de estos sitios de memoria industrial.
Miguel Álvarez es consciente de una autocrítica al eurocentrismo todavía dominante en las listas patrimoniales de la UNESCO donde el privilegio de la identidad técnica y monumentalista resulta evidente en los ejemplos que nos muestra en su selección fotográfica. Siguiendo a Berger y Sabaté advierte de la “patrimonialización amable” que esconde del pasado la lucha de clases, los conflictos político-territoriales, la contaminación ambiental, las consecuencias de la desindustrialización, que, en el afán monumentalista estético, parece banalizar lugares de memoria como no-lugares por el carácter ecléctico y repetitivo que fachadas, técnicas y procesos de fabricación se hicieron comunes en distintas regiones del planeta. Pero con todo, el autor sucumbió a la tentación de mostrar en forma mayoritaria, ejemplos de la tradición europea acompañados de evidencias muy escasas de paisajes en Asia, África y las Américas (los casos americanos remiten a experiencias diferentes de industrialización en América Latina y el Caribe, pero Canadá y Los Estados Unidos de América quedaron fuera de la muestra). Tiene razón cuando subraya que en paisajes fuera de la marca europea (que en realidad es mayoritariamente la Europa de los antiguos Imperios, lo cual no es ninguna casualidad dado el carácter colonial de su expansión y herencia tecnológica y constructiva) la debilidad de los Estados por invertir en prácticas de gestión y diplomacia para influir en las decisiones de UNESCO, explican de alguna forma esta aparente escasez de registros. Pero hay otras externalidades que pueden explicar la aparente escasez en áreas como Asia, África y las Américas.
En una rápida revisión de las espléndidas fotografías que acompañan los 60 casos seleccionados en el libro (capítulos 9 y 10), llama la atención que, en los ejemplos latinoamericanos, lo que se registra como paisaje cultural son vestigios importantes de un pasado agro-minero que coexiste como identidad en el contexto monumental de ciudades patrimonio. Y es en estos paisajes donde las fotografías nos acercan a culturas, territorios, herencias inmateriales, las cuales no se aprecian en la selección europea. Sin duda están presentes en muchos casos europeos, pero no se visibilizan en las imágenes como sí lo apreciamos en los 11 casos que van desde México hasta Chile, pasando por el Caribe cubano. Algo similar sucede con los 8 casos del mundo asiático-africano. Si cotejamos la sugerente selección del libro con la estadística de sitios patrimoniales UNESCO en el sentido amplio de bienes culturales por regiones o países, tenemos que, en América, Argentina, Brasil, Canadá, Los Estados Unidos de América, México y Perú tienen un total (hasta el año de 2025) de 134 sitios patrimoniales en la UNESCO. En América del Norte México lidera la lista sobre EE. UU. y Canadá. ¿Significa esto que la potencia industrial patrimonial del norte americano es México? La evidencia histórica nos dice que no es así. Pero en las Américas muchos paisajes culturales patrimoniales están registrados como paisajes naturales o mixtos o de valor intangible que comprenden prácticas agroindustriales o claramente industriales, pero no se registran con esa dirección. Estados Unidos y Canadá privilegian los parques naturales y tecnológicos, México los valores identitarios intangibles y monumentales donde los registros de la industria de la antigüedad mesoamericana son evidentes pero escondidos en ciudades patrimonio (Puebla, Guanajuato, La Ciudad de México por poner ejemplos conocidos) o en técnicas artesanales o agroindustriales. Casos similares en la tríada del sur: Brasil, Argentina y Perú. Cuba y Colombia no sólo registran café, tenemos el valle de los Ingenios, el ferrocarril y su trazado de vía de La Habana a Güines en la primera mitad del siglo XIX, la industria textil y de la confección de Medellín, etc.
Tracks Memory nos ha dejado una tarea inmensa para quienes en las latitudes no europeas estamos comprometidos con el paisaje cultural e histórico de la industria. Visibilizar con fuerza y capacidad de gestión, el gran patrimonio industrial que está escondido detrás de la arqueología y del monumentalismo clásico. Una Tracks Memory desde nuestras fronteras permitirá un diálogo más fecundo con lo logrado en el espacio europeo y además permitirá conectar de mejor forma, cómo una economía-mundo que se expandió desde el siglo XVI al Este y al Oeste también se alimentó de adaptaciones, innovaciones e invenciones que darán mayor profundidad a legados que en esta mirada, se convierten realmente en universales.
Las minas de Almadén y su brillante recuperación patrimonial en España podrán dialogar en el futuro con las innovaciones del Beneficio de Patio que Fray Bartolomé de Medina inauguró en las minas novohispanas y con el mercurio que se extraía de las minas de Huancavelica (en el virreinato del Perú desde 1564) y que resolvieron la encrucijada de la exportación del mercurio imperial incosteable para una minería en expansión y altamente industrializada como la de México y del Perú. ¡Santa Bárbara fue la mina más grande de mercurio en América y es patrimonio de la UNESCO!. Y en el septentrión, en la Alta California, Nueva Almadén entre Santa Clara y San Benito, comenzaron a operar en el siglo XIX como la mayor mina de mercurio en América del Norte. Sin este patrimonio no se explica el éxito de la fiebre del oro en California. Pero no está en la lista indicativa de la UNESCO, a pesar de que es un sitio histórico identitario de los Estados Unidos de América. Este es un ejemplo a lo que nos invita sin duda, este excelente trabajo fruto de muchos años de debate y reflexión que Tracks Memory de Miguel Álvarez nos presenta en este sugerente e importante libro.
Este artículo está disponible en el número 128-129 de la Revista Ábaco.
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