➔ Reseña publicada en el nº 127 de la Revista Ábaco
Una teoría crítica de la inteligencia artificial.
Daniel Innerarity Galaxia Gutenberg
Barcelona, 2024. 552 páginas, 22’80 euros.
Daniel Innerarity Grau es, sin duda, uno de los referentes inexcusables de la filosofía política contemporánea (catedrático e investigador «Ikerbasque» en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática, es también ahora profesor en el Instituto Europeo de Florencia como titular de la cátedra Artificial Intelligence & Democracy), así que esa trayectoria académica le ha llevado, en los últimos tiempos, a recalar en Galaxia Gutenberg para publicar libros como Una teoría de la democracia compleja (2020), Pandemocracia: Una filosofía de la crisis del coronavirus (2020), La sociedad del desconocimiento (2022) o La libertad democrática (2023)… Y ahora Una teoría crítica de la inteligencia artificial (2024, III Premio Eugenio Trías de Ensayo).
El autor que fuera también Premio Nacional de Ensayo 2003 (con La transformación de la política), Premio de Ensayo Espasa 2004 (con La sociedad invisible) o Premio Nacional de Investigación en Humanidades 2022 (como reconocimiento a «su contribución a la adaptación de los principios normativos de la democracia a las sociedades actuales, lo que supone un mejor conocimiento acerca de la política y una aportación especialmente relevante para la convivencia humana, a través de su teoría de la democracia compleja»), contempla, como lo hiciera el José Saramago de A Viagem do Elefante (2008), «la voz pública que, como sabemos, es capaz de jurar lo que no vio y afirmar lo que no sabe»… Y como esa voz pública es un (supuesto) valor central de las democracias liberales, se apresta aquí a examinar, con su habitual precisión y claridad, cómo los cambios tecnológicos la afectan, repercutiendo en la esencial capacidad de decidir de cada cual. La toma de decisiones, ya afecten éstas al día a día o a alternativas políticas generales, de la ciudadanía del presente, resultan cada vez más automatizadas, al delegarse con triste frecuencia en los ecos mediadores procedentes de más o menos sofisticados aparatos.
Así que Innerarity tomará como piedra angular para su reflexión el concepto mismo de decisión democrática, decantando, desde él, con rigurosidad sin hermetismos, toda una «filosofía política de la inteligencia artificial»… Qué, claro está y por ser filosofía, no puede por menos de engendrar una pregunta esencial: ¿qué tipo de voluntad popular se está gestando en el nuevo contexto tecnológico marcado por la IA?… Pero lo hace, desde luego, evitando cuidadosamente tanto el acrítico determinismo tecnológico como en la tentación cuasiconspiranoica del catastrofismo o apocalíptico.
Se nos sitúa, pues, ante consideraciones filosóficas casi inevitables a partir de la implantación social de la inteligencia artificial y sus usos: ¿podemos aceptar que los algoritmos, siempre ligados a los intereses de quienes los generan y controlan, dirijan la vida humana?, ¿cuáles son (y serán) las consecuencias de automatización sobre la inteligencia natural y la creatividad?, ¿hasta qué punto puede resultar fiable la analítica predictiva en este contexto?, ¿cómo afectan los usos tecnológicos al sentido de la transparencia exigible en las sociedades democráticas?, ¿pueden sobrevivir las dimensiones intuitiva y corporal del conocimiento en este contexto?, ¿qué efectos tiene el control de estos procesos sobre el poder político (presuntamente democrático) y sobre la inexactitud de los datos que trascienden al espacio público?, ¿en que quedarán los aspectos colectivo y social de la privacidad?, ¿perdurarán espacios de la indeterminación y el azar (aunque sea como resistencias) en un contexto de gobernanza algorítmica?…
Con un enfoque crítico y consciente de la complejidad tecnológica, el autor se atreve a pergeñar alguna idea novedosa para el control político de la tecnología en busca de una cierta igualdad a través de la «democratización del entorno algorítmico», lo que, desde luego, debiera partir de un nuevo «contrato social entre humanos y máquinas», que posibilite una integración equitativa en un «mundo negociable»… Donde la voz pública pueda (y sepa y quiera) inhibirse menos ante lo evidente y hablar menos de lo que ignora… Sin pasotas ni cuñados.
