Extracto del artículo publicado en el nº 111 de la Revista Ábaco

Álvaro Mazorra Rodríguez
Doctorado en Análisis de Problemas Sociales
Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

En los años setenta del siglo pasado el capitalismo se encontraba sumido en una de sus recurrentes crisis que, como en anteriores ocasiones, se saldó tanto con una profunda transformación de los regímenes de posesión y modos de regulación existentes como con la emergencia de nuevas soluciones espaciales que afectaron la lógica territorial predominante hasta entonces (HARVEY, 2007). Todos estos procesos, sumados a los impulsados por la emergencia de una nueva revolución tecnológica (ALONSO, 1999) provocaron que el sistema capitalista entrara en el último tercio del siglo XX en una nueva fase de su evolución, caracterizada por su naturaleza global, su carácter neoliberal y por la primacía de la economía del conocimiento (SASSEN, 2012).

Las grandes regiones urbanas españolas no son ajenas a la tendencia global. En este sentido, la ciudad de Madrid registra una evolución caracterizada por el incremento de la desigualdad socioeconómica y la segregación residencial. Ambos procesos locales se enmarcan en un proceso general de globalización económica que tiene como consecuencia fundamental la reorganización socioespacial de las ciudades. A fin de falsar esta hipótesis, el presente artículo se centra en el análisis del cambio socioespacial en aspectos mensurables, tales como el precio de la vivienda, la distribución de la renta, la estructura ocupacional. o la desigualdad registrada en cada territorio1. El objetivo de la investigación realizada es demostrar si la globalización de las economías locales determina el incremento de los niveles de desigualdad social y segregación socioespacial existentes.

Con el objetivo de responder a esta pregunta, este artículo centra su atención en la ciudad de Madrid. Para ello se desarrolla, en primer lugar, una revisión historiográfica sobre el fenómeno de la globalización, analizando cuáles han sido las principales implicaciones de este proceso sobre la ciudad contemporánea. A continuación, se presenta la metodología empleada. En tercer lugar, se analiza evolución seguida por la capital española durante las últimas décadas. En el cuarto apartado se analizan los resultados obtenidos. Finalmente, en el último epígrafe se exponen las principales conclusiones de la investigación realizada.

Globalización y ciudad. Un marco histórico

Las tendencias hacia la globalización de las economías nacionales y del sistema económico internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial avanzaron durante los años ochenta como respuesta estratégica a la crisis económica sufrida en los setenta por los países de todo el mundo. Acontecimientos como el fin de la Guerra Fría y el desmantelamiento de la Unión Soviética fortalecieron una nueva etapa de la globalización de las economías que alcanzó a prácticamente todos los grupos humanos y territorios del mundo.

El proyecto neoliberal afianzó su hegemonía a partir de esa década. Primero, en los países anglosajones occidentales, y después, en las organizaciones internacionales y el resto de los países. Consistió en desarrollar un nuevo modelo económico caracterizado políticamente por la desregulación de los mercados financieros y de capitales, la privatización y mercantilización de todos los ámbitos de la realidad social, la potenciación de una notable reducción del gasto social estatal y la minimización del papel del Estado en la gestión y regulación de la actividad económica (HARVEY, 2007).

El recurso económico principal para poder desarrollar este modelo era la información (CASTELLS, 1996). La gestión de esta y la creación de conocimiento derivado mediante sistemas de comunicación tecnológicamente avanzados y la organización en red de las empresas y las ciudades se convirtió en el centro del nuevo modelo económico (SASSEN, 1991; CASTELLS, 1996). Por consiguiente, se pretendía la expansión global de los mercados de bienes y servicios, así como su continuada actualización, mediante la reducción del papel de cualquier actor institucional interviniente de naturaleza territorial, especialmente los Estados. Además, se obtuvo un nuevo sistema global en el que se ha fortalecido el papel económico hegemónico de algunas metrópolis (SASSEN, 1991; 2012).

En detrimento de los Estados nación, el protagonismo creciente de las grandes metrópolis del planeta en el sistema económico global ha llevado a estas a convertirse en los principales centros de la economía mundial en pocos años. Entre ellas destacan especialmente las denominadas ciudades globales (Sassen, 1991), metrópolis como Nueva York, Tokio o Londres que aglutinan en su interior los principales centros directivos de las corporaciones multinacionales, los mercados monetarios más importantes y las principales empresas de servicios financieros y de alta tecnología. A las tres ciudades observadas por Sassen se suman otros grandes centros metropolitanos que dominan algunos segmentos de mercado específicos —Chicago, Singapur, Hong-Kong, Osaka, París, Zúrich, Los Ángeles, San Francisco, Ámsterdam y Milán—, así como nuevos centros regionales que se desarrollan a medida que se extiende la red de interacciones en que se basa la economía global -Madrid, Barcelona, Sao Paulo, Buenos Aires, Ciudad de México, etc.(BORJA y CASTELLS, 1997: 37).

Esta dinámica plantea nuevos desafíos a las políticas urbanas, al establecerse nuevas geografías de poder en función de criterios económicos. En su análisis de esta cuestión, Harvey (1989) advertía a finales de los años ochenta que las administraciones locales habían pasado de ser meros gestores públicos encargados de la distribución de bienes y servicios colectivos a convertirse en promotores económicos inmersos en una lógica de mercado. En el nuevo escenario, las ciudades se gestionaban cada vez más como empresas privadas y sus políticas se orientaban firmemente a lograr que fueran competitivas. La ciudad emprendedora (HARVEY, 1989) se caracterizaba, por tanto, por una forma de gobierno específica, menos comprometida con la distribución de bienes y servicios y más preocupada por el crecimiento económico.

Las transformaciones de la estructura productiva ejercen una fuerte influencia sobre el sistema de estratificación social. En el caso de la ciudad global, Sassen (2012) advierte la consolidación de una nueva estructura sociolaboral dual caracterizada por la expansión de las categorías profesionales polares: por un lado, los trabajadores muy cualificados empleados en la economía del conocimiento (directivos, profesionales, analistas, etc.) y, por otro lado, los grupos de población ocupados en empleos de baja cualificación, precarios y mal remunerados con escasas expectativas de movilidad ascendente (resto de los servicios, operaciones elementales, desempleados). Esta tendencia consolida la formación de una estructura social polarizada, si bien esto se ve matizado en las ciudades del contexto europeo por el desarrollo de las políticas redistributivas del Estado del Bienestar (LE GALÉS, 2007).

Algunos de los efectos más dañinos provocados por el proceso de globalización económica son el incremento de problemáticas sociales como el aumento de las desigualdades y la exclusión social, la acentuación y extensión de las circunstancias extremas de carencia y necesidad y el aumento de las situaciones de desempleo y precarización laboral (TEZANOS, 2001). Asimismo, el desarrollo de las economías posindustriales dentro de las ciudades ya industrializadas se perfila como un proceso que tiende a favorecer dinámicas de concentración de la pobreza y la exclusión en zonas urbanas de las ciudades en globalización (WACQUANT, 2007). Y, ello ocurre independientemente de cómo evolucione la economía (MILANOVIC, 2006).

Metodología

Para llevar a cabo este trabajo se ha examinado, en primer lugar, la evolución tanto de la estructura ocupacional como de las desigualdades de renta en la ciudad de Madrid. Para esta fase del trabajo aplicamos una metodología cuantitativa, empleando datos procedentes de las fuentes de datos secundarias. En este caso tales fuentes son los Censos de Población y Viviendas de 2001 y 2011, la Encuesta de Población Activa (INE), la Encuesta de Condiciones de Vida (INE) y el Atlas de Distribución de la Renta de los Hogares (INE). Asimismo, se han utilizado datos estadísticos provenientes del portal inmobiliario idealista.com, a fin de analizar cuál ha sido la evolución del precio de la vivienda en cada ciudad. Finalmente, se han utilizado indicadores estandarizados de desigualdad social y pobreza, como el índice de Gini, la Ratio S80/S20 o la tasa de pobreza.

Por otro lado, el análisis de datos cuantitativos se ha combinado con una exhaustiva revisión historiográfica de estudios previos y documentos oficiales. Destaca en este aspecto el estudio de los planes estratégicos vigentes en cada área (PGOU). Esta labor ha servido como fuente para estudiar el posicionamiento de los ayuntamientos municipales en torno a las distintas zonas de cada ciudad.

Resultados

Madrid se establece como principal paradigma del modelo de ciudad global desarrollado en España a lo largo del período expansivo de los años noventa y primeros dos mil. Durante esta etapa Madrid reactivó el crecimiento demográfico de su región metropolitana, pasando de 5 millones de personas censadas en 1991 a 6,5 en 2010, gracias al fomento de la inmigración internacional y a la creciente atracción de capital humano procedente del conjunto de España (MÉNDEZ, 2014). En paralelo, el PIB de la región creció a un ritmo del 3,7%, el empleo se disparó y la tasa de paro descendió del 20,5% en 1995 al 6,3% en 2007.

El crecimiento socioeconómico experimentado en Madrid durante el período expansivo tuvo en la construcción el primer eslabón de su desarrollo. De este modo, tanto el Plan General de Ordenación Urbana (PGOUM) de 1997 como la Ley 6/1998 desencadenaron en la capital una fiebre constructora sin precedentes, muy por encima de las necesidades poblacionales de la capital (FERNÁNDEZ DURÁN, 2006). Esta tendencia se extendería hasta el año 2008, momento en el que el sector de la construcción se paraliza bruscamente como consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria y el subsecuente inicio del periodo de crisis económica.

El PGOUM de 1997 tenía una clara filosofía expansiva, pero también pretendía crear nuevas centralidades como solución a la desigualdad entre las zonas norte y sur, pasando de un modelo de expansión radial a otro planteamiento en malla reticular que conectase las distintas zonas del territorio (ALGUACIL et al., 2011). Este plan actúa de forma coherente con la planificación territorial en la Comunidad de Madrid, pretendiendo que el motor de la transformación regional fuesen las infraestructuras de transporte, sobre todo priorizando el uso del vehículo privado y motorizado como estrategia de movilidad urbana. Esto contribuirá de forma definitiva a la dispersión urbana del área metropolitana.

Los resultados del PGOUM de 1997 son controvertidos, en la medida en que Madrid sigue caracterizándose por poseer una evidente centralidad económica y de poder y las desigualdades norte-sur de la ciudad continuaron aumentando durante los años siguientes (Sorando y Leal, 2019). Además, el hecho de incumplir los criterios propuestos en materia de vivienda (número de nuevas viviendas construidas, distribución de las viviendas según tipo, etc.) dio lugar a una fuerte subida de precios que incrementó los índices de segregación residencial existentes (LEAL y DOMíNGUEZ, 2008).

Madrid aparece en nuestros días como uno de los principales motores económicos, políticos y culturales de nuestro país, situándose en lo más alto en cuanto a niveles de empleo, infraestructuras, servicios tecnológicos, financieros o de ocio, como sede de grandes corporaciones multinacionales, atrayente lugar de inversión extranjera y como uno de los principales destinos del turismo internacional en España. Durante la primera década del siglo XXI la capital española afianzó su primacía como principal centro demográfico (13,7% población total), laboral (14,2% del empleo) y económico (17,8% del PIB) del país (Méndez, 2014), recibiendo el reconocimiento de prestigiosos organismos internacionales como la OCDE (2007) y consolidando dicha posición durante la siguiente década (MÉNDEZ, 2014).

El artículo completo está disponible en el número 111 de la Revista Ábaco.
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