Reseña publicada en el nº 125-126 de la Revista Ábaco

El Stradivarius
Manuel de la Iglesia -Caruncho
Colección Máquina de las Palabras
CICEES Gijón 2025, 250 páginas / formato 15×21
Precio 21,90 euros (ed.papel) – www.cicees.com

Aprender a vivir en libertad

La escritura ha acompañado siempre a Manuel de la Iglesia Caruncho, como si el deseo de escribir surgiera junto a su vocación de enseñante y de conversador, o mejor dicho, como si las experiencias vividas no fueran del todo reales hasta que alguien más las pudiera leer. En función de los momentos y temas a tratar, ha publicado artículos, ensayos, relatos o novelas.

Como escritor de ficción es un narrador tardío. Su primera obra “Atractores extraños y otros relatos de amor y desamor” se publica a mediados de su cincuentena; cuatro años después aparecerá su primera novela, “Los dioses de la sombra juegan pelota” y ya sin compromisos laborales, publica la segunda, en 2017, “A pocas leguas del Cabo Trafalgar “. Anteriormente, escribió ensayos como “El impacto económico y social de la cooperación al desarrollo”.

Su tercera novela, “El Stradivarius” es una obra realista, que incluye enigmas y misterios, escrita con una voz comprensiva, reflexiva, llena de debates ideológicos y morales y con toques de humor. La acción trascurre a lo largo de unos cincuenta años, desde los últimos años de la dictadura hasta nuestros días. En línea con la literatura moderna, es una forma de dar cuenta de lo que nos acontece, con la libertad que permite la ficción. Al escribir después de haber vivido muchas vidas, de mucho conocimiento, es una obra con la que se aprende y se disfruta y que al final queda una sensación de esperanza, algo difícil de encontrar en los tiempos que corren.

En las dos primeras novelas tiene más relevancia el contexto histórico-político y la acción que los personajes. En la primera, nos presenta a toda una generación de jóvenes que querían cambiar el mundo, comprometidos con proyectos de cooperación en Centroamérica y que algunas décadas después, conservan su amistad y se reúnen periódicamente para seguir sus respectivas vidas y comprobar cómo el mundo les ha cambiado a ellos y a ellas. Es fácil encontrar algo de Manuel en muchos de los personajes. Su amplia experiencia de 15 años en la cooperación española en Nicaragua, Honduras, Cuba y Uruguay, le ha convertido en un gran conocedor de las dinámicas socio-políticas de la zona y, en este caso, utiliza la ficción para enseñar lo que, probablemente, no se podía contar de otra manera, sin tener algunos problemas.

En la segunda, despunta su vocación de enseñante, que es otra de las cualidades que atraviesan su vida y su narrativa. Nos presenta una generación de jó- venes enseñantes, que obtienen destino en un instituto de una comarca gaditana, en los primeros años de nuestra democracia y que revolucionan el sistema educativo del centro y a las gentes del entorno. Manuel estaba entre ellos y esa experiencia le dejó una huella imborrable.

El Stradivarius es una prueba de que el deseo de escribir se acrecienta y adquiere profundidad con los años del autor. Aquí, la construcción de los personajes y sus relaciones es lo que articula la novela, más que el contexto o la acción.

La novela se divide en cuatro partes. La primera, esta dedicada fundamentalmente a presentarnos a los principales personajes, los escenarios y los temas. Vamos conociendo a tres generaciones en momentos distintos de sus vidas, Esteban y Cala, su descendencia, Marina y Jacobo y la abuela de ambos, Mechi. También sabremos del violín, que va ser un símbolo que nos permitirá conectar con el paso del tiempo a través de tres siglos, de generaciones y de herencias. Empezaremos ya a disfrutar con los acertijos y dilemas filosóficos y morales que van a ir surgiendo a lo largo de toda la novela.

También irrumpirá el narrador o narradora, que sabremos que es un personaje más, distinto del autor, que no se descubrirá hasta el final, aunque irá apareciendo en primera persona en momentos puntuales a lo largo de toda la obra. Esta voz narrativa cambiante, imprime una cercanía que nos invita a formar parte de las conversaciones en muchas ocasiones.

En la segunda parte, con una estructura temporal más lineal, irrumpe la pasión, las crisis, la volatilización del amor, la separación. La tercera parte nos lleva de Andalucía a Galicia, un ida y vuelta como tantos que hace el autor tan galaico-andaluz como uno de los personajes principales, y profundiza en la historia de la autonomía gallega. Viajamos también a Roma, se desvelan algunos secretos y nos sorprenden algunas decisiones inesperadas. Vuelve a irrumpir el amor, las enésimas oportunidades y el violín se convierte en el claro protagonista.

Aprenderán lo que es la dendrocronología. La cuarta parte, más breve, nos llevará al desenlace, donde se descubrirán algunos de los misterios, aunque no todos.

Si hacemos una lectura de género, vemos cómo los roles masculinos y femeninos de los personajes principales evolucionan a lo largo de tres generaciones y como el autor es sensible a la hora de romper estereotipos y hacer verosímiles relaciones igualitarias.

Una abuela que vive impregnada del miedo que el nacionalcatolicismo franquista inoculó sobre todo a las mujeres, un miedo imaginario, porque, realmente, ante un peligro concreto, es capaz de sacar fuerzas titánicas.

Una excelente cocinera, que apenas sale de casa, focalizada en el cuidado de su familia.

Cala, la que será su amiga y luego su nuera, a la que podemos situar en la generación Baby Boomers, es una mujer libre e independiente, una profesora que consigue atravesar ese miedo e ir ganando espacios de libertad a medida que avanza el relato. Verán cómo se traduce eso en comportamientos y formas de vida.

Marina y Jacobo, la generación Millennials, son dos mentes brillantes, pero, por ejemplo, Marina trata de ocultarlo y Jacobo la exhibe con arrogancia, una buena muestra de lo que acontece.

Esteban, un joven entregado a causas justas, al que la vida se le desmorona y opta por alejarse de toda actividad pública y cultivar la meditación, la reflexión y la dedicación a los demás, como médico rural. Esteban no es capaz de escuchar las necesidades de una de sus parejas, en un momento determinado, pero ante situaciones de crisis, mantiene una actitud comprensiva, propia de quien ha aprendido a relacionarse en igualdad.

Los principales personajes femeninos, toman las riendas de su vida y actúan en coherencia con lo que piensan y lo que sienten.

Sin embargo, los masculinos actúan con frecuencia por reacción ante los acontecimientos, son menos transparentes y menos previsibles. Por ejemplo, Jacobo, representa ese individualismo que nos invade y también la aceptación acrítica del totalitarismo que está consiguiendo captar adeptos en estos tiempos.

En cuando al contexto histórico-político, el relato se remonta al curso 70-71, en Santiago, cuando la Universidad era un hervidero de siglas revolucionarias, de partidos y grupos. Los personajes se mueven entre el miedo a la represión, el compromiso activista, los debates sobre los derechos y libertades y la esperanza en el fin de la dictadura.

Conseguida ya la democracia, aparece un período de paz, que permite que la familia Almeiras-Rivas sea feliz en un medio rural. Así de fácil. Aquí el autor consigue la aparente sencillez, lo más difícil. Una familia alejada de los focos y de los escenarios públicos, con conciencia social volcada en su entorno más cercano, sin más pretensiones que vivir y mejorar la vida de quienes les rodean y practicando las reglas de oro de los clásicos. Como verán, el autor muestra esa vocación de enseñante y no pierde oportunidad de poner en boca de sus personajes, de Esteban en este caso, lecciones de vida, de quien ha vivido muchas vidas.

Manuel de la Iglesia Caruncho hace real la felicidad, frente a la creencia de que lo real es el sufrimiento y la felicidad puro anhelo, como plantea Schopenhauer en sus aforismos sobre la sabiduría de la vida. Es capaz de mostrar la felicidad en las cotidianidades.

Es un desafío a la esperanza.

El violín, que atraviesa toda la novela, lo podemos interpretar de muchas maneras. Por ejemplo, podría ser una metáfora del valor y el uso de las cosas a lo largo de esos tres siglos. La excelencia del trabajo artesano, el amor por la música, el reconocimiento a los músicos, la herencia que le atribuye esos valores, hasta llegar a nuestros días convertido en producto de consumo, en valor de cambio, en beneficio económico. Pero queda abierto a otras interpretaciones, es un símbolo que pone a actuar al personaje más contradictorio e infeliz de la novela.

Amores, desamores, duelos, segundas y terceras oportunidades. El amor es lo único que puede salvar al ser humano, piensa uno de los personajes.

En el relato “Atractores extraños” que da título a la primera obra de ficción del autor, ya profundiza en lo misterioso de las relaciones amorosas, o al menos, en el reconocimiento de que nos falta información y que por mucho que profundicemos en el conocimiento del ser humano, no alcanzamos a descifrar las claves del amor. Estos relatos conectan con el estilo de “El Stradivarius” en mayor medida que las dos novelas anteriores.

“El Stradivarius” es un trenzado de relaciones y de conversaciones, como lo es la vida del autor. Introduzco estas continuas referencias a la vida del autor, porque necesito diferenciar este comentario sobre el libro, al que podría hacer la IA. Lo digo porque lo he comprobado y les aseguro que hace un análisis mil veces mejor que lo que yo les dejo dicho. Así que me permito jugar con la ventaja que me da ser amiga del autor y a riesgo de que lo que antecede sea menos inspirador de lo que hubiera sido copiarles como resultado del análisis que hace la IA, he querido reflexionar sobre la novela de forma artesanal, con sus defectos e imperfecciones.

Tan sólo voy a rescatar de lo que me ha devuelto al instante la IA, las comparaciones que ha hecho del estilo narrativo de “El Stradivarius” con el de otras autoras y autores, porque me parece un trabajo propio de quien tiene toda la información y, además, lo argumenta de forma convincente. Les dejo algunos nombres y las similitudes que encuentra.

  • Almudena Grandes. Por la construcción de personajes entrañables y profundamente humanos, la mezcla de intimidad familiar con contexto histórico-político y una prosa amplia, cálida y emocional.
  • Delibes. Por el retrato humanísimo de las gentes de un pueblo, de las descripciones detalladas del carácter y costumbres y el tono entrañable y a veces humorístico sobre la vida cotidiana.
  • García Márquez. Por el narrador que interviene y comenta, el carácter entrañable y moralizante de algunos pasajes y el interés por la dimensión íntima y las pasiones humanas.
  • Eduardo Galeano. Por el interés por la justicia social, la reflexión política, la ética del cuidado y el tono humanista y crítico.
  • Natalia Ginzburg. Por la narración centrada en relaciones familiares, la mezcla de humor, dolor y reflexión moral y los pequeños detalles cotidianos que revelan la personalidad.
  • Manuel Rivas. Por el humanismo gallego, memoria, sensibilidad política y un narrador que escucha, que transmite cariño hacia sus personajes.

Volviendo a lo artesanal, me quedo con la singularidad de quien construye personajes que aprenden a vivir en libertad y hacen real la felicidad, lo que tanta falta nos hace.

Disfrutarán con las fábulas, con la música, con la gastronomía, aprenderán con los debates filosóficos, sentirán la pasión y el amor de personas que podrían tener en el vecindario. Se pueden ahorrar el duelo que sentimos al final de cada libro, si continúan con la historia de los personajes, en su imaginación. Un libro para aprender y disfrutar.