Rachel Granger
Professor of urban economies
De Montfort University, Leicester, UK

En una primera fase se actuó para dar respuestas médicas y posteriormente para evaluar la magnitud de los trastornos derivados de Covid-19. Durante 2021, al menos en Europa, la atención se ha desviado a cuestiones de recuperación y revitalización, incluso cuando la pandemia sigue manteniendo su impacto y provocando la pérdida de vidas. Las artes y la cultura, una de las áreas más visibles de la ciudad creativa, se han visto afectadas de forma desmedida por el Covid-19 a consecuencia de la reducción de visitantes, el cierre de locales culturales y el cese de los programas públicos. A partir de estas preocupaciones estratégicas del conjunto de los sectores afectados, ha surgido una inquietud más amplia por la propia sostenibilidad de la ciudad creativa.

En este artículo se realiza una revisión de lo realizado en las ciudades creativas, basándose en el estudio de caso de Leicester, una ciudad metropolitana de tamaño medio en el Reino Unido (552.000 habitantes), con una economía creativa madura. El ensayo reflexiona sobre la fuerza de la ciudad creativa al entrar en fase de pandemia, esto se utiliza como base de partida para conceptualizar la ciudad creativa en unos términos más amplios, incorporando nuevos actores y sectores a la corriente principal.

Se proponen dos cambios significativos para mejorar nuestra comprensión acerca de la economía creativa como parte de cualquier tarea de reconstrucción después del periodo Covid-19. En primer lugar, la aceptación de que, empíricamente, las ciudades creativas no se ajustan necesariamente a los clústeres y a los modelos omnicomprensivos habituales en el habitual discurso creativo. Una lectura del «ciclo de vida» de las ciudades creativas contempla la posibilidad de que, al menos en algunas ciudades, la economía creativa haya alcanzado la saturación y muestre signos de fragmentación al entrar en la pandemia. En segundo lugar, que una visión más amplia de la economía creativa, más allá de los productos y servicios para el consumo privado (cultural), permite la posibilidad de que haya más actividades económicas de interés, tanto para mejorar la inteligencia como para recabar el apoyo político. Como se argumenta más adelante, esto proporcionaría un espacio conceptual y político para fijar la economía creativa a corto plazo, así como para concebir una ciudad creativa en evolución, en la que el cambio ya está en marcha. Se comienza exponiendo los atributos creativos de Leicester, como una ciudad regional del Reino Unido, en la que Covid-19 está ejerciendo cambios considerables.

Las artes y la cultura han estado firmemente arraigadas en la economía de Leicester desde la década de 1980, formando parte de la cohesión de la comunidad y de su diversa población. La inversión económica en la comercialización y el consumo de las artes refleja la forma en que«la creatividad se ha adaptado al imaginario neoliberal», dentro de un amplio cambio que Oakley y O’Connor (2019) denominan«de la cultura a la creatividad». La inversión en edificios culturales emblemáticos como el Teatro Curve, Phoenix arts, el centro creativo LCB, Makers Yard, y la conformación de un barrio cultural que refleja una regeneración concertada de la ciudad de Leicester impulsada por las artes que crea espacios para el consumo cultural (2008-14); ello coincide con un intento de asegurar que Leicester sea la Ciudad de la Cultura de 2017. Estas inversiones creativas encarnan los intereses comerciales que se encuentran en los primeros documentos de mapeo de las industrias creativas del Reino Unido (DCMS, 1998, 2001), así como a nivel internacional, a través de la influyente propuesta de Richard Florida (2002) sobre la denominada «clase creativa». El trabajo de Florida, en particular, pretendía situar las artes y la cultura dentro de una función empresarial más amplia de consumo para las ciudades, proporcionando una nueva perspectiva y un novedoso optimismo para las economías industriales tradicionales.

La economía artística y cultural de Leicester es muy amplia, y tiene un alcance considerable. En 2018, se estimó que había 34.833 trabajadores creativos en Leicester, y unas 10.095 empresas creativas, especializadas en artes visuales y escénicas, diseño, moda y medios digitales (Granger, 2018). Que la pandemia de Covid-19 haya diezmado la economía artística y cultural de Leicester quizá no sea sorprendente, ni único. El Gobierno del Reino Unido ha advertido que la pandemia representa «la mayor amenaza para la infraestructura cultural, las instituciones y la mano de obra del Reino Unido en una generación» (HC, 2020). Dado que la actividad física ha constituido una parte vital de la lucha contra el virus en el Reino Unido (y de Europa), las artes, la cultura, el patrimonio y los deportes se han visto directamente afectados durante los cierres de Covid-19 con graves implicaciones financieras en todos los sectores. Estas mismas pautas se han reproducido en toda Europa.

Las industrias europeas del arte, la cultura y el patrimonio se han visto afectadas por la pandemia. En Europa, las industrias culturales y creativas han sido los sectores más afectados por Covid (PE, 2021). Los locales de celebraciones y los visitantes se han visto muy afectados por las medidas de contención, pero la crisis también ha puesto de manifiesto la posición vulnerable de muchos trabajadores culturales no habituales, como los artistas, los autónomos, o los trabajadores temporales.

Las medidas políticas se han focalizado en unas ayudas de emergencia, más que en el relanzamiento y la innovación. Dicho esto, las industrias culturales y creativas se citan como parte integral de la recuperación de Europa, y también pueden actuar como catalizadores para una mayor sostenibilidad e innovación, ya en funcionamiento antes de la pandemia. «Las industrias culturales y creativas estaban acelerando la sostenibilidad antes de la crisis, y durante la crisis han mostrado su poder de innovación para experimentar con posibles alternativas» (PE, 2021, p17). Lo más llamativo ha sido la contribución y la innovación hacia los servicios de bienestar de los ciudadanos, la innovación social y la cohesión social; lo que sugiere un papel más amplio de las industrias culturales y creativas en la economía, y una ciudad creativa más expansiva.

En Leicester, que ha sido escenario de prolongadas medidas de cierre, más allá de las aplicadas a nivel nacional en el Reino Unido, es todavía prematuro el cuantificar el impacto. Los acuerdos formales de cierre finalizan en octubre de 2021, pero incluso en esta fase, se ha identificado que más de 127.000 puestos de trabajo están en riesgo a través de la «Estrategia de Recuperación Económica» de Leicester. En promedio, hay más personas que asisten a los teatros y festivales de Leicester que al fútbol profesional. Sin embargo, mientras que los medios de comunicación han prestado atención a la reanudación de algunos de los deportes de élite de Leicester, como el fútbol y el rugby, la hoja de ruta del Gobierno para las artes y la cultura ha sido vaga.

En el Reino Unido, se ha prestado mucha atención a la necesidad de una economía creativa que cuente con protocolos de permiso o licencia, ampliando las medidas a los autónomos y las microempresas, unas hojas de ruta claras para la reapertura (y soluciones tecnológicas para permitir el regreso del público), y apoyo estructural a largo plazo en un clima económico incierto para reconstruir las cifras de audiencia y la inversión (incluyendo desgravaciones fiscales,). En un sector, que contribuyó a la economía del Reino Unido en 2018 con más de 224.000 millones de libras; creciendo un 7,4% entre 2017-18; el anunciado paquete de financiación de 1.570 millones de libras para las instituciones artísticas y patrimoniales , denominado «Fondo de Recuperación de la Cultura» (Reino Unido, 2020), parece totalmente inadecuado para hacer frente a un espectro de pérdida económicas por un valor del 0,5% de la producción económica total del Reino Unido.

Banks (2020) señala que «no sería exacto decir que el C-19 ha destruido por completo la economía cultural, pero si ha transformado su composición y dinámica». Si bien Banks está analizando la posición del sector, y hasta cierto punto, la situación nacional, también habla de la posición de Leicester, donde la cultura y la creatividad han retornado hasta cierto punto, donde la savia de la industria ha sido irremediablemente transformada por la experiencia. Incluso antes del Covid19, Oakley y O’Connor (2019) describieron un patrón «de la cultura a las industrias creativas y de vuelta» (p1), señalando en particular el aparente interregno en el que los «hilos optimistas que marcaban tanto las industrias culturales como las creativas se han desenredado» (p5), y luego exacerbado por las consecuencias económicas de la pandemia. Como señalan los citados autores,«si la economía creativa está yendo a alguna parte, no está claro a dónde y por quién». En el siguiente apartado, se señalan tres posibles trayectorias para las industrias culturales y creativas de Europa, situadas en torno a la revitalización, la reorganización y el declive, en la que las industrias culturales y creativas se conciben como un ciclo de vida.

La ciudad creativa como ciclo de vida del área creativa

La tendencia en el discurso creativo ha sido la de reducir la práctica creativa a términos abstractos o a modelos simplificados que trabajan hacia experiencias y trayectorias uniformes. Esto es especialmente pronunciado en la «ciudad creativa» posmoderna, con una composición y experiencia uniformes. Sin embargo, hay un atractivo evidente en las lecturas alternativas de la dependencia acerca de la trayectoria de las ciudades creativas, o de los sistemas locales como soporte de una comprensión más profunda y para desarrollar respuestas políticas adecuadas. Será cada vez más importante para la reconstrucción post-Covid el comprender las bases de cómo y dónde se desarrollará el modelo de las industrias creativas, y de qué manera puede mantenerse o bien prosperar.

Basándose en el trabajo de Butler (1980), se podría enmarcar la economía creativa como un ciclo de vida localmente diferenciado en lugar de un modelo de crecimiento universal e infinito. Aunque el trabajo de Butler ofrece una visión general simple, que ha sido útil en los estudios sobre turismo para comprender cómo crecen y declinan los centros turísticos a lo largo del tiempo, tiene un atractivo evidente cuando se aplica a la ciudad creativa y a las industrias culturales y creativas.

El ciclo de vida del área creativa, como concepción original, podría dividirse en cinco fases: La fase 1 sería la de descubrimiento, unos pocos individuos y destinos que buscan algo diferente comienzan a desarrollar un sector, ligado a un pequeño número de localizaciones. En las industrias creativas, esto podría atribuirse a los primeros trabajos sobre las artes en Glasgow (Myerscough, 1988) que tuvieron apoyo de los gobiernos del Reino Unido y Australia para la comercialización y expansión de las artes y la cultura (AU, 1994; DCMS, 1998).

Esto estimula la participación local (1999-2002) cuando los principales líderes reconocen la viabilidad del sector y el inminente crecimiento de las actividades creativas lo que lleva a un aumento del número de productores y consumidores, y a la construcción de una primera oleada de proyectos y estudios. En la fase 2 de desarrollo (2000-2010), las grandes empresas reconocen la escalabilidad de las industrias creativas e invierten en sectores y lugares de mercado primario en grandes ciudades como Londres, San Francisco y Brisbane.

El número de empresas y empleados de las industrias creativas despega y los consumidores comienzan a expandirse localmente, con infraestructuras dedicadas a ello, se va creando un ciclo ascendente de inversiones auxiliares, alimentado por los buques insignia de la creatividad y la política general. La fase 3, es de consolidación (2010-2015), donde las economías locales están dominadas por el rápido crecimiento de la actividad creativa, pero las primeras inversiones emblemáticas empiezan a parecer ya cansadas y el crecimiento y el consumo local se satura con una base de clientes de menor calidad. En la fase 4 que es el estancamiento (2015 -), surge la competencia de otros mercados y la pérdida de las características originales y se ralentiza el crecimiento en el marco de dinamismo del mercado local. Las ventajas de ser el primero se erosionan y la falta de innovación, unida a la competencia internacional, conduce a la pérdida de inversiones y competencias, amenazando a las empresas y a los servicios locales. Desde el punto de estancamiento, hay tres posibles resultados que están empezando a surgir en algunas industrias creativas y que se refieren a un escenario 1, marcado por la sobreacumulación, y el declive, o a un escenario 2 donde se daría la revitalización en nuevos productos, y un escenario 3 con la reorganización para sostener el sector y recuperar la competitividad del mismo.

La noción de ciclo de vida creativo proporciona un punto de referencia para debatir lo que lleva a una industria, como la así denominada, a cambiar con el tiempo, y ver la posibilidad de que las áreas que acogen la actividad creativa no sean estáticas a lo largo del tiempo. Se contempla la idea de las limitaciones al crecimiento y a la madurez del mercado, así como los casos en los que es necesario intervenir para reposicionar una actividad o un espacio creativo con el fin de restablecer una competitividad más amplia. Aunque el modelo de Butler es una generalización, proporciona una explicación teórica más amplia de las áreas de alto crecimiento, como primeros pasos de las industrias creativas, y posteriormente, de la saturación de una economía creativa local y de los caminos hacia el eventual declive. Si bien el modelo de Butler y, de hecho, un modelo de «ciclo de vida del área creativa» no está equipado para tratar los efectos transformadores de un choque externo como el Covid-19, en este caso es útil para reconocer que los agentes creativos locales se encontraban en diferentes puntos del ciclo al entrar en la pandemia y, en consecuencia, necesitarán paquetes de apoyo creativo muy diferentes después del Covid. Además, es razonable suponer que algunas ciudades y creativos locales pueden haber estado experimentando una transformación creativa (como una fase de estancamiento) en el momento de la irrupción de Covid-19 y, por lo tanto, tendrán impactos y trayectorias futuras notablemente diferentes. Por lo tanto, hablar de un modelo de ciudad creativa y de un modelo post-Covid «único» es pasar por alto las infinitas variaciones urbanas.

En el contexto de Leicester y del Reino Unido, los datos locales y nacionales apoyan la idea de la fragmentación creativa antes del estallido del Covid-19 (véase Granger,2021). Esto se basa en la evaluación cuantitativa de la economía creativa, a través del recuento de empresas y empleados utilizando clasificaciones industriales estándar. Cuando se desglosa por subsectores, hay pruebas del declive local y nacional de algunos sectores artísticos desde el año 2014, compensado por el aumento de las exportaciones, al mismo tiempo que sucede un rápido crecimiento de sectores mediáticos digitales. También hay casos puntuales de algunos artistas autónomos en Leicester que luchan por sobrevivir en un magro entorno empresarial creativo, con beneficios escasos e incluso insignificantes, que operan en contraste con las cuentas en boyante crecimiento que se manifiesta en algunos subsectores digitales.

Si pensamos en cómo la ciudad creativa de Leicester se ajusta al ciclo de vida creativo representado en la figura 1, podríamos decir que Leicester se encuentra actualmente en el extremo superior del ciclo de vida creativo, mostrando ejemplos tanto de consolidación en la fase 3 como de estancamiento en la fase 4.

El LCB Depot de Leicester (2002), el Curve Theatre (2008) y la Phoenix Square (2009) actúan como importantes emblemas del emprendimiento del «Cultural Quarter», el barrio cultural, donde se complementan una serie de teatros y organizaciones culturales, espacios alquilados y espacios especializados para creadores (Makers Yard, Leicester Print Workshop, Two Queens, Studion Ame, Phoenix Lab). Varios de estos desarrollos son anteriores a las recientes inversiones creativas que se han producido en otras ciudades del Reino Unido en un intento de recrear el modelo londinense de Shoreditch, por lo que Leicester podría considerarse una de las primeras ciudades creativas del Reino Unido, aunque no a la escala de Londres, Manchester o Glasgow.

El artículo completo está disponible en el número 107 de la Revista Ábaco.
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