Reseña publicada en el nº 125-126 de la Revista Ábaco

Un mundo vigilado.
Armand Mattelart
Editorial Paidós, Estado y Sociedad. (2009)
288 páginas

Una distopía sumisa o contra la vigilancia impuesta

«Ante el creciente predominio del proceso de cosificación mercantil, poco a poco se abre paso una toma de conciencia que examina la problemática del estatuto de la cultura hasta el corazón mismo de los proyectos de emancipación democrática»

Armand Mattelart: «Prólogo» de Geopolítica de la cultura (2002).

El recientemente fallecido Armand Mattelart fue pionero, casi visionario en muchas cosas… Y se atrevió a sondearlas para evaluar sus problemas… Una de sus últimas aportaciones novedosas fue Un mundo vigilado, ya allá por 2009, cuando de la IA todavía poco se hablaba y Orwell (Animal Farm Rebelión en la granja-, 1945; Nineteen eighty-four -1984-, 1949) estaba bastante olvidado… Pero ahí estaba ya la proliferación de la videovigilancia en cualquier rincón de nuestras ciudades, los ficheros de todo tipo que empezaban ya a compilar hasta las huellas genéticas, las escuchas de todo tipo, los chips RFID, etc., que suponían la aplicación masiva de cada nueva tecnología a la práctica de la intromisión (para el control) en la vida cotidiana de toda la ciudadanía de los países «más democráticos» … Porque, ¡oiga!, todo se hacía en el sagrado nombre de la seguridad, de la lucha contra unas «nuevas amenazas» con frecuencia más supuestas que reales, pero siempre útiles para generar un miedo que es el mejor instrumento para mantener la población sumisamente controlada. Y, por supuesto, la «guerra contra el terrorismo» ha contribuido esencialmente, por un lado, a hacer este proceso, a nivel global, cada vez más opresivamente orwelliano.

Y hoy, más que entonces, la vigilancia y el control sobre los flujos de información, más o menos anónima, que cruzan la red ha ido tomando el centro del debate público (y político) del siglo XXI, porque cada vez se hacen más evidentes las constantes y flagrantes violaciones (por la ciberdelincuencia, pero, sobre todo, por los grandes amos del ciberespacio y por los propios poderes públicos) los límites de la libertad individual y colectiva… Así ocurrió, por ejemplo, con la Patriot Act de los Estados Unidos tras los atentados del 11-S (2001) o con el Street View, la herramienta desarrollada por Google (2008) para poder ver imágenes reales en tiempo real de las calles de cualquier ciudad… Así que quien, tras medio siglo de crítica de la comunicación y sus usos en detrimento de la la democracia, aún confiaba en la posibilidad de combatir la «cosificación mercantil» creciente con una toma masiva de conciencia para la reconstrucción de un estatuto de la cultura al servicio de proyectos verdaderamente emancipatorios, no puede por menos de preguntarse ¿por qué y cómo hemos llegado a esto? ¿Cuáles son las condiciones y estrategias que han llevado a las sociedades supuestamente democráticas a aceptar sumisamente (incluso, a veces, alegremente) el cercenamiento paulatino de sus derechos y libertades más básicos, a través de dispositivos tecnológicos de vigilancia cada vez más sofisticados, invasivos y precisos?… Hoy, década y media después, podemos comprobar que la voz de alarma de Mattelart era tan lúcida como lo había sido toda su obra… Pero el proceso sigue y su invitación a la toma de conciencia para la la reconstrucción de un espacio público más democrático, horizontal y solidario donde quepan los ideales emancipadores sólo parece haber dado fruto en la energía de quienes no tienen más remedio que actuar como estimulantes francotiradores.