Soledad Larraín Salinas

Arquitecta. Universidad del Desarrollo Santiago (Chile)


Según la Organización de las Naciones Unidas, desde hace más de setenta años la igualdad de género es un derecho humano, derecho que lenta y tímidamente se ha ido abriendo paso en un contexto global esencialmente masculino. Reconocer esta brecha como un factor de análisis es esencial para poder entender, crear y finalmente transformar el mundo donde vivimos, ya que es sólo a través de ponerlo en evidencia que se puede empezar a discutir al respecto.

La desigualdad es una problemática que está enraizada en cada sociedad, con matices, pero de manera transversal en el mundo. Esta situación además se traslada del ámbito personal, con temáticas que oscilan desde la violencia, el aborto y los estereotipos negativos, hasta el ámbito profesional, donde las mu- jeres año a año han aumentado su presencia, pero no necesariamente sus condiciones. En el caso chileno, la presencia femenina en el mercado laboral ha crecido del 32.5% en 1990 al 48.4% en 2014, según la última Encuesta Nacional de Empleo realizada por el Instituto Nacional de Estadística, reafirmando una tendencia firme pero que expone nuevas problemáticas respecto de su espacio laboral. La mayor presencia de mujeres en el escenario productivo del país, se presenta como una gran noticia y potencialidades, pero a su vez genera nuevas necesidades y modifica las dinámicas laborales existentes arraigadas en una cultura masculina predominante.

Al tratarse de cambios sociales estructurales se deben abordar de manera multidimensional, no solo desde la situación particular de las mujeres sino del ecosistema laboral completo. En otras latitudes este fenómeno comenzó con anterioridad, impulsando estudios e iniciativas como la ejecutada el por la Comisión Europea en 2011, cuando publicó un informe que buscaba abordar y proponer medidas de cambio estructural en pos de la integración de las mujeres, en este caso, en una temática particular como son la ciencia y la innovación. El resultado agrupó un equipo multidisciplinar y más de una década de investigaciones y experiencias relacionadas, que bien nos pueden servir como una guía para la definición de nuevas agendas que promuevan la igualdad de género, en este caso en el ámbito de la arquitectura y derivadas.

Del informe se pueden recoger diversas medidas que apuntan a lograr cambios en el eje de la discusión y más aún, propuestas de cambio. Entre ellas se pueden abordar, de manera general o específica, varias medidas que pueden actuar como un decálogo para el trabajo de género en la sociedad, y también de manera particular en un gremio específico, dentro de las que destaco algunas que pueden ser implementadas e impulsadas por cualquier grupo u organismo en Chile:

1) Generar datos precisos sobre la situación real que permita difundir la situación real de la mujer en el trabajo.

2) Comprometer apoyo en esferas de tomas de decisiones.

3) Capacitar en temas de género a quienes están en posiciones de ejecución de cambios.

4) Modernizar los entornos laborales, adecuándolos a las exigencias de género, familiares y personales de todos los empleados.

5) Educar, difundir y hacer valer la legislación en materia de discriminación.

6) Reexaminar los parámetros de premiación y reconocimiento bajo la lógica del “arquitecto  estrella”.

7) Asegurar justa distribución de tareas, responsabilidades, créditos y autorías.

9) Apoyar a mujeres con herramientas  concretas  para  manejar  situaciones laborales.

10) Crear plataformas de apoyo y visibilidad

En Chile sólo recientemente se han empezado a trabajar los temas de género, particularmente si tenemos en cuenta que el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género recién fue fundado el año 2015. Pero ha sido la creación de iniciativas civiles como Comunidad Mujer el año 2002, las que han impulsado el inicio de este movimiento, que hoy por hoy aglutina cientos de iniciativas, organizaciones, programas e instituciones trabajando por la inserción laboral y la equidad de género.

Esta disparidad es también hasta hoy una realidad oculta en la arquitectura, y cómo una disciplina que estudia, refleja y define los escenarios culturales, se ve afectada por las desequilibradas relaciones de género actuales, las cuales no pueden seguir siendo un déficit si aspiramos a construir sociedades donde la igualdad pase de ser un derecho al que se aspira por convertirse finalmente en un hecho. Hoy la motivación no es más que identificar y compensar los sesgos y déficits culturales que impiden el florecimiento de una arquitectura legítima y propositiva sin importar el género de quien la propone.

Existen casos emblemáticos en la arquitectura internacional, donde talentosas arquitectas y urbanistas han sido relegadas a un segundo plano por su condición de género y no por sus condiciones profesionales como pasó hace décadas con Jane Jacobs y Denise Scott Brown. Esta condición se vuelve a reflejar en los 38 premios Pritzker, dónde sólo tres mujeres han alcanzado la distinción, y sólo una de ellas, Zaha Hadid, lo hizo sin una contraparte masculina. Más aún, la tendencia se repite al revisar los premios nacionales de arquitectura en Chile, donde de los 28 premios, la única mujer arquitecta es Antonia Lehmann, quien fue galardonada en conjunto con su socio.

Es desde este contexto que nace la inquietud gremial dentro del Colegio de Arquitectos de Chile, luego de una contingencia mediática, dado que en la entrega de premios nacionales y temáticos que da el mismo colegio en el año 2017, no hubo ninguna mujer galardonada, inflamando la opinión pública y revelando que no existían estas iniciativas en el ámbito de la arquitectura, y menos a nivel gremial.

Frente a esta situación el Comité de Arquitectos Jóvenes del mismo colegio, levanta la inquietud  y  decide trabajar activamente para identificar estas brechas   y generar los escenarios y referentes necesarios para avanzar de manera decidida, a través de un colectivo bautizado como #MujerArquitectA, el cual en sus inicios se propone organizar paneles de conversación, con el fin de levantar desde la experiencia un marco de temáticas a abordar, campañas de información sobre equidad género y sus brechas, además de iniciativas de investigación.

Ante la necesidad de acción, se define una primera prioridad: generar datos y dibujar el escenario actual de las arquitectas en Chile. Desde el mundo gremial pudimos identificar que a marzo del año 2018 solo el 27% de los colegiados activos del Colegio de Arquitectos de Chile son mujeres. Esta participación coincide con los índices de empleo en la región metropolitana para el área de arquitectura, urbanismo e ingenieros en tránsito que llegó a 28,3% de participación según los datos oficiales de la encuesta Casen 2015, estando muy por debajo del 35% que representan la fuerza laboral femenina en el mundo según el Banco Mundial al año 2017.

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